Noticia importante

¡Hola, corazones rebeldes!

Me paso por aquí para daros una noticia importante. Después de mucha reflexión, y teniendo en cuenta algunas peticiones que me llegaron en su momento sobre este asunto, he tomado una decisión. Ahí va:

Mi libro de relatos Corazones rebeldes, desaparecerá del mercado, y los tres relatos que contiene se convertirán en tres novelas. Sí, he decidido convertir estas tres historias que marcan el principio de mi andadura como escritora en novelas, y además, sé que a muchas de vosotras os alegrará, porque me pedisteis que lo hiciera.


Serán tres novelas independientes que formarán parte de una trilogía titulada Corazones rebeldes, en homenaje a las heroínas fuertes y valientes que protagonizan estos relatos.


Así que, si queréis leer estos relatos y saber de qué estoy hablando, tenéis hasta el 30 de noviembre para descargar el libro en digital. No hay copias en papel disponibles, porque la publicación en ese formato ya está anulada.


Y si preferís esperar, bueno, os diré que no hay fecha de publicación por ahora, porque empezaré a trabajar en este proyecto a partir de 2020. Entre 2020 y 2021 se publicarán las novelas. Ya os iré contando. Mientras tanto, tenéis muchas lecturas 

Gracias por vuestro apoyo, os prometo que merecerá la pena la espera. Solo os pido paciencia.

 

La imagen puede contener: cielo, exterior y texto

Princesa de las tinieblas (Parte 2 y final)

Han pasado dos días desde mi cita con Emi, y desde que descubrí que era un vampiro, sigo hecho un desastre. Apenas duermo, y me paso los días cabizbajo, sin ganas de nada.

a-l-117966-unsplash.jpgNo he vuelto a verla en el campus, ni tampoco quiero. Emi se acabó para mí. Aunque ojeo el periódico todos los días para ver si hay alguna noticia de la presencia de vampiros en la zona. ¿Es que nadie se ha dado cuenta? Ha habido muchas víctimas, y eso tiene que dejar cadáveres.

A pesar de todo, en el fondo no me gustaría que la descubrieran. Me ha mentido, y chupa la sangre a la gente y la mata, pero eso no me hace quererla menos. Sí, sigo perdidamente enamorado de ella, y creo que siempre lo estaré, aunque evite verla.

Hoy me toca estudiar en la biblioteca por la noche. Voy con cierto recelo, sin embargo, no me queda otro remedio. Durante el día apenas tengo tiempo con las clases, y por las noches se estudia mejor.

Voy caminando en dirección a la biblioteca, cuando me cruzo con un tipo que me resulta familiar. Es un hombre alto, corpulento, con media melena y una chupa de cuero. Le observo bien, y recuerdo donde le he visto. ¡Era el tipo al que Emi estaba mordiendo! Pero ¿cómo es posible que esté andando tranquilamente? ¿No debería estar muerto? Necesito asegurarme.

—Perdona, ¿tienes hora?—le pregunto, deteniéndole.

El hombre me mira, y saca su teléfono para ver la hora.

—Son las ocho y cinco.

Vale, estoy alucinando.

—Gracias…

—De nada—asiente y se marcha.

Yo me quedo de pie, mirándole, en medio de la calle. Me ha hablado, y estaba totalmente sano. Emi me estaba diciendo la verdad. No los mata, solo los adormece. Entonces, ¿dónde quedan todos esos mitos sobre los vampiros?

De repente, noto que me empiezo a marear, y me siento en la acera. Estoy abatido. ¿Qué he hecho? No escuché a Emi, no la dejé explicarse, y me he llevado una buena lección. Tengo que hablar con ella, necesito que se aclare todo. Seguir leyendo “Princesa de las tinieblas (Parte 2 y final)”

Princesa de las tinieblas (Parte 1)

mystical-portrait-of-a-girl-1374006_1920.jpgEstoy emocionado. Esta noche por fin tendré mi primera cita con Emi, la chica de mis sueños. Nos conocimos en la universidad, hace cosa de tres meses. Yo ya llevo un año aquí, estudiando ingeniería, y ella ha entrado este año nueva, en la misma carrera que yo. Lo cierto es que me quedé prendado de ella desde el primer momento. Con su melena larga castaña, sus enigmáticos ojos verdes, ocultos casi siempre bajo unas oscuras gafas de sol, y su cuerpo perfecto, envuelto en prendas negras y de colores poco llamativos, me enamoró enseguida.

Yo, que no soy nada del otro mundo, un tipo delgado, alto, de ojos claros y pelo castaño, que tiene que llevar gafas para leer, aún no comprendo por qué aceptó salir conmigo. Desde que la conozco, siempre la he visto salir con tipos super guapos y cachas. No es que tenga novio, pero sí muchos rollos de una noche.

Como es novata, casi nadie habla con ella. Siempre la veía sola, deambular sin rumbo, perdida, y decidí acercarme para saludarla. Ella me sonrió, y casi me da un infarto. La pobre estaba perdida, buscando un aula, y nadie la echaba una mano. Sí, es difícil ser el recién llegado y que nadie te ayude. Le hice un poco de guía, y enseguida intercambiamos los contactos.

Yo ya os digo que no me creí mi buena suerte. Las chicas como ella siempre han pasado de largo por mi lado, sin siquiera mirarme. Pero Emi es diferente. Es una tía enrollada y muy simpática.

Cada vez que estoy cerca de ella, me pongo nervioso, pero al final ella hace que me sienta cómodo, hablándome como si fuéramos amigos de toda la vida. Me contó que eligió el turno de tarde en todas las asignaturas, porque tiene alergia al sol, y era mejor evitarlo. También sé que no soporta el ajo, ni el picante. Bueno, nada fuera de lo normal. Después de saber esto, entendí por qué tiene la piel tan blanca.

Hace unos días, decidí dar el paso, y la invité a salir. Una cosa informal, cena en un restaurante de comida rápida al que solemos ir todos los estudiantes. Sin embargo, para mí va a ser una noche especial.

Me he puesto mis mejores galas: Unos pantalones vaqueros, una camisa blanca y una americana azul. También llevo mi mejor perfume, y me he peinado con gomina, para domar mi cabellera rebelde.

Mike, mi compañero de cuarto, que es un friki de cuidado, me ha dicho que me he pasado, pero a mí me da igual la opinión de un tipo que se pasa la mayor parte del tiempo en pijama.

Espero sentado en una de las mesas del restaurante, frotándome las manos, y moviendo una de mis piernas, frenético. Estoy muy nervioso. Enseguida veo a Emi entrar y me quedo sin palabras. Lleva su melena suelta cayendo sobre sus hombros, y su piel pálida destaca sobre una blusa negra ajustada, y unos vaqueros oscuros rasgados. Lleva carmín rojo en los labios, y está preciosa. Su sonrisa y su mirada me dejan totalmente embobado.

—Hola, Josh—me saluda, y se sienta frente a mí.

—Hola, Emi—respondo con cara de tonto.

Ella se ríe, y yo la acompaño. Estoy loco por esta chica, y espero que no lo note y salga espantada. Sé que esto tiene que ser un sueño, y que en cualquier momento me despertaré en mi cuarto, y que lo primero que veré será el poster de Tron que tengo colgado en la pared.

—¿Qué vas a pedir? Me muero de hambre—me dice, ojeando la carta.

Yo me espabilo, y también finjo estar buscando qué comer.

—Pues hamburguesa, como siempre.

—Yo también. La doble con queso tiene una pinta estupenda.

—¡Vaya! No sabía que te gustara comer—comento con cierta sorpresa.

Emi se ríe.

—Sí, bueno, no lo parece, pero tengo buen apetito.

—Yo también—respondo, risueño.

Ella me mira fijamente, y me pierdo en sus ojos. Son preciosos.

—¿Qué vais a tomar? —pregunta el camarero.

—Una doble con queso, patatas fritas y refresco. Y por favor, la carne poco hecha, gracias—dice Emi.

Yo pido lo que quiero, y el camarero se va. Es entonces cuando volvemos a estar solos, y empezamos a charlar sobre la universidad, la vida y los cosas que nos gustan. Emi y yo coincidimos en casi todo. Nos encanta el cine, la informática y la literatura de ciencia ficción. ¿Dónde ha estado esta mujer perfecta durante todos estos años?

—Oye, Emi, me dijiste que vienes de Europa, aunque llevas mucho tiempo en Estados Unidos. ¿De dónde eres?

—De Rumanía. De una región que se llama Transilvania.

Yo me quedo perplejo.

—¡Anda! Como el conde Drácula.

Ella se ríe.

—Sí, de hecho, allí está su castillo.

—Me encantaría ir algún día.

—¿Te gustan los vampiros?

Yo me encojo de hombros.

—Bueno, he leído algunos cómics y he visto pelis sobre el tema. No es que sea un entusiasta, pero me gusta.

Ella sonríe y asiente.

—Eso es genial.

—Oye, Emi, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Claro. Tú dirás.

Ahora no puedo echarme atrás. Llevo desde hace varios días preguntándomelo, y quiero saberlo.

—¿Por qué has aceptado salir conmigo? Es que me resulta raro que una mujer tan… Bueno, que tú hayas aceptado.

Ella me sonríe de nuevo, y siento que me derrito.

—¿Y por qué no?

—Por que es evidente que no tenemos nada que ver. Bueno, a nivel físico. Tú eres una diosa, y yo un chico del montón…

De repente, me doy cuenta de lo que le he dicho, y me siento avergonzado. Creo que he sido demasiado directo.

—Así que… Soy una diosa…—me dice, apoyando su mejilla en su mano, y lanzándome una mirada seductora.

A mí me va a dar un ataque al corazón aquí mismo.

—Sí… Bueno… Yo…

En ese instante, ella se acerca, y me da un beso muy tierno que me deja paralizado. Se aparta, y se ríe. Creo que le hace gracia mi expresión ahora mismo.

—Me gustas mucho, Josh. Creo que eres una persona maravillosa. Inteligente, bueno, gentil… Me encanta estar contigo. Cuando estoy a tu lado, me siento especial. Y, además, creo que eres realmente atractivo, desprendes un aura muy sensual…—comenta con voz melosa.

Noto cómo me suben las pulsaciones, y creo que me va a dar algo. De repente, ella se aparta bruscamente de mí, y oculta su rostro. Me quedo un poco preocupado.

—¿Te encuentras bien? —pregunto, acercándome.

Ella se aleja de mí, y pone su mano en mi pecho, para que no me acerque más.

—Sí, estoy bien. Es solo que estoy cansada. Será mejor que vaya a casa.

Salimos del restaurante, y la acompaño hasta su casa, que está allí cerca. Antes de despedirnos, me agarra de la solapa de la americana, y me da otro beso en los labios que me deja al borde del desmayo. Me encanta la intensidad de sus besos. Me gustaría que fuera así todos los días.

—Hasta mañana—me dice, metiéndose en su casa.

—Buenas noches—respondo con un hilo de voz, mientras me alejo en dirección a mi coche.

Camino canturreando, enamorado y feliz. Emi es la mujer de mis sueños, y también me quiere… ¡Un momento! ¿Me quiere? Bueno, supongo que sí porque me ha besado, pero no sé, ahora tengo dudas. Yo quiero ir en serio con ella. Sin embargo, ¿y si ella no quiere? Yo tengo que aclarar todo ahora mismo.

Llevo un buen rato caminando, y me doy media vuelta. Ella ya estará metida en la cama, así que voy a llamarla para asegurarme. Cojo el teléfono, llamo, pero no lo coge. No importa, iré a su casa.

Paso por delante del restaurante, y me doy cuenta de que hay una pareja en la calle paralela, donde están los cubos de basura, ocultos en la oscuridad. El hombre está gimiendo, y veo que la mujer está escondida tras su cuello.

Como si una fuerza me lo impidiera, me quedo quieto donde estoy, observando. Entonces veo que la mujer levanta la cabeza, y me mira. ¡Veo sangre en sus labios! ¿Pero qué? Y de repente, nuestras miradas se encuentran. No puedo creer lo que estoy viendo. ¡Es Emi! ¡Emi es un vampiro! De esos que succionan la sangre a la gente hasta matarlos.

Siento como el miedo se apodera de mí, y un escalofrío recorre mi espalda. El tipo está medio desmayado, y Emi no deja de mirarme. Intento retroceder, sin embargo, mis pies no se mueven.

Ella deja al tipo en el suelo, y empieza a acercarse a mí.

—Josh, puedo explicártelo, no es lo que parece…

Yo niego con la cabeza. No puedo creerla. Estoy aterrado, y cuanto más se acerca, peor me siento. Intento comprender, encontrar una explicación, sin embargo, no puedo. Finalmente, me agarra del brazo, miro su mano, espantado, y consigo moverme y alejarme.

Corro todo lo que puedo, pero ella me alcanza, porque se pone delante de mí. Yo me detengo en seco. ¿Cómo lo ha hecho?

—Josh, por favor, déjame explicarte…

—¡No te acerques! —exclamo, muerto de miedo.

Ella se queda quieta, y alza las manos.

—Por favor, Josh, escúchame…

—¿¡Qué tienes que explicarme, Emi!? ¿¡Qué eres la hija de Nosferatu, de Drácula!?—chillo—. ¿¡Qué esta noche ibas a matarme!? Aunque, bueno, veo que ya te has servido…

Ella niega con la cabeza.

—Josh, iba a decírtelo…

—¿Cuándo? ¿Cuándo ya me tuvieras acorralado en un rincón?—respondo, enfadado.

Ella suspira.

—No, iba a decírtelo lo antes posible. Temía que te pusieras así, como estás ahora.

—¿¡Cómo quieres que me ponga!? ¿Quieres que te de una palmadita en la espalda, y luego te deje mi cuello para que me dejes seco?—digo totalmente indignado—. Me gustas mucho, pero no soy tan estúpido.

—¡No iba a succionarte la sangre! De hecho, esta noche me he contenido. ¡Por eso he ido a buscar a otro humano! Porque para mí eres muy importante—me replica, enfadada—. Además, los humanos no morís cuando tomamos vuestra sangre.

—¡Sí, claro! ¿Y ese tío porque está medio muerto en el suelo?

—Porque se ha quedado adormilado. Solo se sufre un desmayo. Dormirá unas horas y mañana estará como nuevo.

Yo me rio a carcajadas. ¿Se cree que nací ayer?

—¡Venga ya! No me creo nada, Emi. No te preocupes, no diré lo que eres. ¡¡Pero no quiero que te acerques a mí nunca más!!—grito mientras me alejo.

—Josh…—la oigo decir a mi espalda.

Noto su voz temblorosa y triste. ¡No pienso caer en la trampa! Lo hace para que me acerque y atacarme. Se acabó. Ya sabía yo que era demasiado bueno para ser verdad. Solo quería mi sangre, por eso aceptó la cita y se hizo amiga mía. Estoy decepcionado, triste, en definitiva, hecho polvo. Porque a pesar de todo, la quiero. Y no sé si podré dejar de hacerlo…

CONTINUARÁ…

©2019, Andrea Muñoz Majarrez.

Cita con una estrella (Final)

Después de la cita, Dionne quitó de su cuarto los posters, guardó las películas de Mark donde no pudiera verlas, y lo mismo hizo con la foto de su taquilla. No quería saber nada de Mark Valentine. Un mito había caído, y ella iba a enterrarlo. Sus compañeros y sus familiares desconocían el motivo de ese cambio repentino de actitud, porque Dionne no les había contado nada. Dionne no sonrió ni se mostró alegre durante los dos días siguientes. No tenía ganas. Solo quería concentrarse en el trabajo.

amor

Una tarde, llegó al taller un Porsche 911 de los años 80, que dejó a todos totalmente asombrados. Era una auténtica preciosidad. Carrocería de color rojo, sin un solo golpe o arañazo. Parecía recién salido de fábrica. Al volante estaba Mark Valentine, ocultando sus ojos tras unas gafas de sol. Salió del coche luciendo un traje gris, camisa blanca, y un aspecto impecable. Seguir leyendo “Cita con una estrella (Final)”

Cita con una estrella (Parte 1)

Dionne estaba terminando de arreglarse delante del espejo, preparándose para algo realmente importante para ella. Hoy no era una noche cualquiera. Esta noche tendría una cita especial y excepcional con el hombre de sus sueños.tyler-nix-594384-unsplash.jpg

Hace una semana, había llamado a la radio para participar en un concurso titulado Adivina la película. El asunto consistía en que, siguiendo las pistas que el conductor del programa daba, debías adivinar de qué película estaba hablando, y el premio era una cita con el actor del momento, Mark Valentine, protagonista del culebrón televisivo Besos de topacio. Seguir leyendo “Cita con una estrella (Parte 1)”

Regalo de Navidad para mis corazones rebeldes

¡Hola, corazones rebeldes!

Pues aquí está, recién salido del horno. Llevaba guardándome esta sorpresa desde hace varias semanas y por fin puedo daros todos los detalles. Hoy sale en preventa una antología de relatos románticos, compuesta por más de treinta historias cortas que mis compañeras de Selecta, Penguin Random House y yo hemos escrito. Los relatos tienen dos características principales: están ambientados en estas fechas tan señaladas y están protagonizados por personajes secundarios de nuestras novelas.

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Mi relato, La nevada y un beso, está protagonizado por Paca, uno de los personajes secundarios de mi novela Un ramo de violetas. Es una historia de amor de época, corta, tierna y muy romántica.

Aprovecho para dar las gracias a Yolanda Díaz de Tuesta, Lola Gude, Mimi Romanz y Julianne May por su trabajo y por hacer esto posible.

La antología sale a la venta el 22 de diciembre, y podéis adquirirla gratuitamente. Sí, es gratis. Un regalo para los lectores. Espero que os guste. Os dejo el enlace de Megustaleer, donde tendréis acceso a las tiendas digitales donde el libro estará a la venta.

¡Gracias por leer y Feliz Navidad! Espero que estas fechas sean mágicas.

 

 

Con solo una mirada

CREWE-STATION

Junio de 2012.

Ese día me esperaba un viaje ajetreado, tedioso y largo. A pesar de ser junio, el verano en Inglaterra era como una especie de primavera tardía. No hacía apenas calor, de hecho, siempre tenía que llevarme una chaqueta e incluso un paraguas. Un amigo inglés me explicó que en Inglaterra podías levantarte con un cielo despejado y un sol espléndido, y de repente, sin venir a cuento, el cielo se llenaba de negras nubes, y caía un contundente aguacero. Por eso, era mejor prevenir.

Acababa de llegar a la estación de Crewe, a medio camino entre Birmingham, la ciudad donde vivía en aquella época, y Manchester, la ciudad de destino. El motivo de mi viaje era que regresaba a Madrid para ver a mi familia durante un par de semanas. Como no había vuelos directos desde Birmingham, tenía que ir hasta Manchester, y desde allí coger un avión que me llevaría a reunirme con los míos. Esto hacía que, debido a la romería, llegara a Madrid casi sin fuerzas. Pero lo peor no era eso. Es que no podía ir directa a Manchester, y tenía que cambiar de tren en Crewe. Así que estaba a mitad de camino.

La estación de Crewe conservaba parte de su esencia original, como casi todas las estaciones de tren en Reino Unido. Era del siglo XIX, y en su estructura predominaba el hierro y el ladrillo. Sus andenes eran anchos y estaban parcialmente cubiertos con un tejado de metal para proteger a los viajeros del mal tiempo. Al estar solo en parte cubiertos, esto permite que el aire corra, evitando así asfixiarte con los motores diesel de los trenes ingleses, que solían llegar puntualmente a sus andenes correspondientes. La estación tenía cafetería, lavabos y su punto de venta de billetes. Ese día había más viajeros que de costumbre, porque muchos empezaban sus vacaciones, y se dirigían a los principales aeropuertos del país, que les llevarían a las costas del sur de Europa, lejos de la fría y gris Inglaterra, que a mí tanto me gustaba. Ellos huían hacia el sur buscando el sol y el calor, y yo prefería quedarme en el norte, con el frío y los cielos cubiertos de nubes. Pero en esta ocasión, haciendo una excepción, regresaba al sur cual ave migratoria, para volver al nido y ver a mi familia.

Acababa de salir de la cafetería, después de comprar un café bien cargado, que me diera energía suficiente para continuar mi viaje. Tenía tiempo suficiente para despejarme un poco, después de una hora y media dentro de un tren lleno de gente. Me senté en uno de los bancos del andén al cual llegaría mi tren en media hora. Una suave y fría brisa acarició mi pelo y mi rostro, y cerré los ojos, disfrutando de esos pocos minutos de silencio, que se habían abierto paso después del jaleo que habían generado los pasajeros que acababan de subirse a un tren con destino a Londres.

Respiré profundamente, vaciando mi mente. Entonces volví a abrir los ojos. Algo sucedió en ese momento. Justo en el andén de enfrente había un chico. Debía rondar mi edad. Alto, rubio, atractivo. Estaba mirando su teléfono. Estaba solo en el andén, o eso me pareció a mí. Llevaba puestos unos grandes cascos y parecía estar escuchando música. Me dio la impresión de que estaba más cerca, a pesar de la distancia, porque podía distinguir los rasgos de su bonito rostro a la perfección. Llevaba unos vaqueros azules claro, una camiseta de color negro de Star Wars y una chaqueta de lana de color gris. En los pies, unas Scooters de color verde. Me fije en su rostro de nuevo, y vi que tenía las mejillas sonrosadas por el aire frío que nos acompañaba esa mañana. Típico de los ingleses. El contraste con su piel blanca producía ese efecto cuando se enfrentaban al frío.

Yo me seguía deleitando en su figura, porque parecía no estar percatándose de nada. De repente, alzó la vista y nuestras miradas se encontraron. Pude ver claramente una mirada azul preciosa. Me quedé hipnotizada. Noté como unas mariposas volaban en mi estómago, y calor en mis mejillas. Seguramente estaba haciendo el ridículo, así que aparté mi mirada con vergüenza. Pero él no lo hizo. Siguió mirándome. Así que volví a mirarle yo a él. Y fue en ese momento cuando casi me derrito. Me sonrió. ¡Y qué sonrisa más bonita! Me miró intensamente, sonriente y creí ver que movía sus labios. Algo me estaba diciendo. Tal vez un “Hi!” o un “I like you too”. No lo sé. Mi imaginación volaba en ese momento. Sonreí inocentemente. Estaba contenta, feliz. Podían en ese momento, darme la peor noticia del mundo, que me daba lo mismo. No me importaba. El mundo a mi alrededor había desaparecido. Solo estábamos él y yo. ¡Que bonito e intenso momento! <<Ojalá durara para siempre>> pensé.

Pero entonces, todo se acabó. Su tren llegó justo en ese momento. La magia se disipó. Ya no volvería a verle. A pesar de mi tristeza, le seguí con la mirada, esperando que me hiciera alguna indicación. Se sentó al lado de una de las ventanillas del tren. Él también parecía triste, pero me sonrió a pesar de todo, y me dijo adiós con la mano. Algo volvió a decir con sus labios. Quizás un “No estés triste” o “Nos volveremos a ver algún día”. <<Ojalá.>> pensé yo acompañada de mi tristeza y mi frustración. Me hubiera gustado rebobinar y cruzar al otro lado. Me hubiera olvidado del viaje a Madrid, y me le hubiera llevado a cualquier otra parte.

Llegó mi tren, y ya no pude quitarme a ese chico de la cabeza. De vez en cuando, mi cerebro me regañaba por enamorarme de alguien a quien no conozco, con solo una mirada. Tonta de mí. Seguro que tiene una novia de escándalo, y yo sufriendo por tonterías, por alguien con quien nunca he hablado. Pero así son los flechazos. Mejor intentar olvidar esos diez minutos que no son nada en una vida. Pero mi corazón no dejaba de insistir. ¿Volveremos a vernos alguna vez?

CONTINUARÁ….

©Andrea Muñoz Majarrez, 2018.