Fiesta sin fin

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        Era una fría noche de noviembre en Madrid. El viento soplaba débilmente, pero lo suficiente, como para que el aire penetrara en la piel, y calara los huesos. El cielo estaba despejado, y podían verse algunas tímidas estrellas que apenas brillaban.

       Ya era pasada la medianoche, y mientras en las discotecas y clubs, la gente se divertía disfrutando de una noche de sábado, las calles permanecían en silencio, sin viandantes que las cruzasen. Solo había algún vagabundo, que no había encontrado cobijo en ningún albergue, acurrucado al calor de algún portal, tumbado sobre cajas de cartón.

       Ramón llevaba un buen rato dando vueltas por aquellas callejuelas oscuras, cercanas a la calle Arenal. Sus amigos habían decidido quedarse en la discoteca un rato más, pero él tenía los tímpanos doloridos, y la cabeza iba a estallarle después de estar dos horas escuchando música electrónica sin parar.

      Su amigo Fran le había dicho que se verían más tarde, que él tampoco se quedaría mucho, y que le esperara en algún sitio para tomar un taxi juntos. Se suponía que Fran tenía que haber salido ya de la discoteca, pero ya eran casi las 2, y su amigo no daba señales de vida. Seguir leyendo “Fiesta sin fin”

Noche estrellada de neón

beard-black-leather-jacket-bokeh-365356.jpgCamino con rumbo fijo a toda prisa. La polución envuelve el ambiente, y la gente se cruza en mi trayecto, sin darse cuenta de que a veces entorpecen mi paso.

No me detengo, pues mis pies se mueven solos, guiados por mi corazón, que desea llegar hasta donde tú estás.

Sé que me esperas a los pies del luminoso cartel de Schweppes de Callao, un superviviente como nuestro amor. Los únicos neones que se salvaron de ser apagados en la noche madrileña.

Estoy a punto de llegar, ya puedo verte entre la multitud. Reconocería tu perfil incluso en mitad de la noche más oscura y tenebrosa.

Veo que tu mirada me busca, y al fin me encuentra. Cuando lo hace, me dedicas tu sonrisa, esa sonrisa que me hizo enamorarme de ti por completo.

Atravieso la plaza, esquivo a la gente, y finalmente, llego hasta ti. Ese corto trayecto me ha parecido eterno, por las ganas que tengo de estar junto a ti. Me acerco, y por fin te toco. El simple roce de la yema de tus dedos sobre la palma de mi mano hace que sienta una especie de corriente eléctrica que recorre mi cuerpo de arriba abajo.

Me estremezco cuando acaricias una de mis mejillas, y te acercas poco a poco a mis labios. Antes de rozarlos, te detienes unos interminables segundos y me miras con deseo.

Finalmente, harta de esperar, avanzo y devoro tus labios, saboreándolos con deleite y pasión, con fuego y ardor. Ahora mismo, estoy en pleno éxtasis.

Esta noche no voy a separarme de ti. Tú serás mío, y yo seré tuya. Nos convertiremos en uno solo, todas las veces que sean necesarias, hasta que quedemos exhaustos y saciados.

Nada nos lo impedirá, porque estaremos al amparo de la noche estrellada de neón.

©2019, Andrea Muñoz Majarrez.

Benditos egoístas

Restaurante Fabiano, nueve de la noche de un sábado cualquiera. Estamos en pleno mes de septiembre. La gran mayoría de los mortales ya está adaptándose a la rutina después de los meses de verano. Algunos han dejado muchas cosas atrás, como amoríos de meses estivales, de minutos o de instantes. Otros han estado metidos en Internet, y han tenido tiempo de tener animadas conversaciones con desconocidos en la red de redes, que pronto derivarán en encuentros cara a cara. Cuando uno va a conocer a aquel que está tecleando detrás de un ordenador, a esa criatura con la que sientes que has conectado, siente unos nervios y una excitación irrefrenable.

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Y en esto estamos metidos. Dos personas que han estado hablando durante tres meses a través de la red de redes, por fin van a conocerse en persona. Previamente a este encuentro, los dos individuos, un hombre y una mujer, han enviado al otro una fotografía para poder reconocerse con facilidad. El punto de encuentro es el restaurante, a las nueve en punto.

En una mesa del fondo, alineando los cubiertos, y hecho un manojo de nervios, está Álvaro, un tipo alto, guapo, con los ojos castaños y el pelo oscuro. Ahora mismo, está esperando a una tal Elena87, que es el nick que su cita emplea en la red. No sabe nada de ella, solo ha visto una foto suya. Según esta información, ella tiene el pelo castaño largo, y los ojos verdes. Y digo que no sabe nada de ella, porque Álvaro nunca ha chateado con Elena. Seguir leyendo “Benditos egoístas”

La chica de Gran Vía

Son las ocho de la tarde de un frío sábado del mes de octubre de 1958. He salido a dar un paseo y a hacer unas compras por una abarrotada Gran Vía. La gente camina de un lado a otro, los coches circulan y se detienen delante del semáforo. Suena alguna bocina, mientras conversaciones apresuradas envuelven el ambiente, acompañadas de alguna risa. A estas horas ya ha oscurecido, y todo el mundo camina con cierta prisa.

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Las señoras van elegantemente vestidas con faldas hasta la rodilla, zapatos de tacón, bolsos de mano, y abrigos largos. Los caballeros llevan sombrero, gabardinas unos, abrigos largos otros, y elegantes zapatos de cuero, cuyas suelas golpean la acera, emitiendo una especie de chasquido a cada paso.

Si miras hacia arriba, puedes ver los enormes carteles pintados a mano, anunciando las películas que están en las carteleras de los muchos cines que hay en esta calle tan grande. Como en el Palacio de la Música, donde anuncian la película Al Este del Edén, protagonizada por James Dean.

Un autobús de dos plantas pasa cerca de donde yo estoy, lleno de pasajeros. Algunos de ellos bajan en la parada que hay justo delante. Giro mi cabeza, y miro al frente. Entonces, sucede. Seguir leyendo “La chica de Gran Vía”

¡ALTO! ¡O CUPIDO DISPARA! (FINAL)

Había pasado una semana desde su estancia en comisaría, y Sakura estaba de los nervios. Se había dado cuenta de que había perdido el carné de identidad, pero no recordaba dónde. Debido a esto, tuvo que volver a pedir cita para hacerse uno nuevo. Lo único que le hacía mantener a raya su inquietud eran las clases. Sus alumnos estaban preparándose para las competiciones que tendrían lugar dentro de unas semanas, y Sakura estaba completamente entregada. Supervisaba el entrenamiento, y después, cuando todos se marchaban, era ella la que entrenaba.

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Le gustaban esos momentos de soledad, donde nadie la molestaba, y solo se concentraba en sí misma y en lo que estaba haciendo. Aunque hay alguien en quien no puede dejar de pensar a pesar de haberse obligado a ello: El policía de los ojos preciosos. Desde que le conoció, cada noche ha soñado con él. Seguir leyendo “¡ALTO! ¡O CUPIDO DISPARA! (FINAL)”

¡Alto! ¡O Cupido dispara! (Parte 1)

Estamos en pleno mes de mayo, y la ciudad está llena de turistas, que se mueven por las estrechas calles del Madrid de los Austrias. Esa noche, Sakura, una profesora de artes marciales, alta, con el pelo largo y lacio de color negro, y los ojos castaños, ha salido a cenar con su mejor amiga, Martina, a un restaurante situado cerca de la Plaza Mayor. Hacía mucho tiempo que estas dos amigas no se veían, debido al poco tiempo que tienen por culpa de sus respectivos trabajos.

 

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En este instante, están las dos charlando animadamente sobre temas amorosos, un ámbito, el del amor, en el que Martina tiene mucha experiencia:

—Después de tomar unas copas, subimos a su casa, y ya sabes lo que viene después. ¡Fue increíble, Sakura! ¡Qué potencia, qué aguante! —explica Martina, entusiasmada.

Sakura dibuja una media sonrisa, mientras come un trozo de tarta de queso.

—¿Y vais a volver a veros?

—No lo sé todavía. Pero a mí no me importaría. Ese hombre está cañón. ¿Y tú para cuando vas a tener una cita? Mira, que tengo catalogo…

Sakura niega con la cabeza.

—Paso de líos. Tengo mucho trabajo. Mis alumnos se están preparando para las competiciones locales, y tengo mucho que hacer.

Martina alza una ceja, mirando a su amiga con suspicacia. Seguir leyendo “¡Alto! ¡O Cupido dispara! (Parte 1)”

Sonrisa azucarada

Varios amigos han quedado en un restaurante para compartir una deliciosa cena y una animada charla. Entre este grupo están tres personas a las que ya conocéis: Tristán, Ruth y Braulio. Han pasadotomas-skoloudik_20161013_152208696_m.jpg tres meses desde aquella mágica Nochevieja en la que Tristán y Ruth sellaron su amor. Estos ahora se muestran completamente enamorados, causando la envidia de muchos, entre ellos Braulio.

El corazón de Braulio lleva desocupado mucho tiempo, aunque amores de una noche no le faltan. Al fin y al cabo, es un tipo alto, con muy buena planta, cuerpo musculado, pelo corto y oscuro, y unos ojos claros que dejan sin respiración a quien se pierde en ellos.

Sin embargo, Braulio está cansado. Observa con anhelo como Tristán y Ruth se intercambian miradas cómplices. En el fondo, él desea encontrar a alguien que le comprenda, que entienda lo que quiere decir sin necesidad de hablar, y que le conozca de verdad. En definitiva, compartir su vida con alguien y dejar atrás los días solitarios.

children-1879907_640Al día siguiente, Braulio recibe una llamada de su hermana Clara, pidiéndole que vaya al colegio de su sobrino Quique, de siete años, a buscarlo, porque ni ella ni su marido pueden. Nuestro amigo acepta el encargo sin problema, porque adora a ese pequeñajo de sonrisa desdentada y ojos claros como los suyos. Nada más verle, Quique va corriendo hasta él y enseguida se lanza a sus brazos. Braulio le levanta y ambos dan vueltas entre risas.

—¡Tío Braulio! —exclama el pequeño, mientras su tío le deja en el suelo.

—¿Cómo ha ido el cole, campeón? —pregunta, mientras coge la mochila del niño. Seguir leyendo “Sonrisa azucarada”