Princesa de las tinieblas (Parte 2 y final)

Han pasado dos días desde mi cita con Emi, y desde que descubrí que era un vampiro, sigo hecho un desastre. Apenas duermo, y me paso los días cabizbajo, sin ganas de nada.

a-l-117966-unsplash.jpgNo he vuelto a verla en el campus, ni tampoco quiero. Emi se acabó para mí. Aunque ojeo el periódico todos los días para ver si hay alguna noticia de la presencia de vampiros en la zona. ¿Es que nadie se ha dado cuenta? Ha habido muchas víctimas, y eso tiene que dejar cadáveres.

A pesar de todo, en el fondo no me gustaría que la descubrieran. Me ha mentido, y chupa la sangre a la gente y la mata, pero eso no me hace quererla menos. Sí, sigo perdidamente enamorado de ella, y creo que siempre lo estaré, aunque evite verla.

Hoy me toca estudiar en la biblioteca por la noche. Voy con cierto recelo, sin embargo, no me queda otro remedio. Durante el día apenas tengo tiempo con las clases, y por las noches se estudia mejor.

Voy caminando en dirección a la biblioteca, cuando me cruzo con un tipo que me resulta familiar. Es un hombre alto, corpulento, con media melena y una chupa de cuero. Le observo bien, y recuerdo donde le he visto. ¡Era el tipo al que Emi estaba mordiendo! Pero ¿cómo es posible que esté andando tranquilamente? ¿No debería estar muerto? Necesito asegurarme.

—Perdona, ¿tienes hora?—le pregunto, deteniéndole.

El hombre me mira, y saca su teléfono para ver la hora.

—Son las ocho y cinco.

Vale, estoy alucinando.

—Gracias…

—De nada—asiente y se marcha.

Yo me quedo de pie, mirándole, en medio de la calle. Me ha hablado, y estaba totalmente sano. Emi me estaba diciendo la verdad. No los mata, solo los adormece. Entonces, ¿dónde quedan todos esos mitos sobre los vampiros?

De repente, noto que me empiezo a marear, y me siento en la acera. Estoy abatido. ¿Qué he hecho? No escuché a Emi, no la dejé explicarse, y me he llevado una buena lección. Tengo que hablar con ella, necesito que se aclare todo. Seguir leyendo “Princesa de las tinieblas (Parte 2 y final)”

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Noche estrellada de neón

beard-black-leather-jacket-bokeh-365356.jpgCamino con rumbo fijo a toda prisa. La polución envuelve el ambiente, y la gente se cruza en mi trayecto, sin darse cuenta de que a veces entorpecen mi paso.

No me detengo, pues mis pies se mueven solos, guiados por mi corazón, que desea llegar hasta donde tú estás.

Sé que me esperas a los pies del luminoso cartel de Schweppes de Callao, un superviviente como nuestro amor. Los únicos neones que se salvaron de ser apagados en la noche madrileña.

Estoy a punto de llegar, ya puedo verte entre la multitud. Reconocería tu perfil incluso en mitad de la noche más oscura y tenebrosa.

Veo que tu mirada me busca, y al fin me encuentra. Cuando lo hace, me dedicas tu sonrisa, esa sonrisa que me hizo enamorarme de ti por completo.

Atravieso la plaza, esquivo a la gente, y finalmente, llego hasta ti. Ese corto trayecto me ha parecido eterno, por las ganas que tengo de estar junto a ti. Me acerco, y por fin te toco. El simple roce de la yema de tus dedos sobre la palma de mi mano hace que sienta una especie de corriente eléctrica que recorre mi cuerpo de arriba abajo.

Me estremezco cuando acaricias una de mis mejillas, y te acercas poco a poco a mis labios. Antes de rozarlos, te detienes unos interminables segundos y me miras con deseo.

Finalmente, harta de esperar, avanzo y devoro tus labios, saboreándolos con deleite y pasión, con fuego y ardor. Ahora mismo, estoy en pleno éxtasis.

Esta noche no voy a separarme de ti. Tú serás mío, y yo seré tuya. Nos convertiremos en uno solo, todas las veces que sean necesarias, hasta que quedemos exhaustos y saciados.

Nada nos lo impedirá, porque estaremos al amparo de la noche estrellada de neón.

©2019, Andrea Muñoz Majarrez.

Cita con una estrella (Final)

Después de la cita, Dionne quitó de su cuarto los posters, guardó las películas de Mark donde no pudiera verlas, y lo mismo hizo con la foto de su taquilla. No quería saber nada de Mark Valentine. Un mito había caído, y ella iba a enterrarlo. Sus compañeros y sus familiares desconocían el motivo de ese cambio repentino de actitud, porque Dionne no les había contado nada. Dionne no sonrió ni se mostró alegre durante los dos días siguientes. No tenía ganas. Solo quería concentrarse en el trabajo.

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Una tarde, llegó al taller un Porsche 911 de los años 80, que dejó a todos totalmente asombrados. Era una auténtica preciosidad. Carrocería de color rojo, sin un solo golpe o arañazo. Parecía recién salido de fábrica. Al volante estaba Mark Valentine, ocultando sus ojos tras unas gafas de sol. Salió del coche luciendo un traje gris, camisa blanca, y un aspecto impecable. Seguir leyendo “Cita con una estrella (Final)”

Cita con una estrella (Parte 1)

Dionne estaba terminando de arreglarse delante del espejo, preparándose para algo realmente importante para ella. Hoy no era una noche cualquiera. Esta noche tendría una cita especial y excepcional con el hombre de sus sueños.tyler-nix-594384-unsplash.jpg

Hace una semana, había llamado a la radio para participar en un concurso titulado Adivina la película. El asunto consistía en que, siguiendo las pistas que el conductor del programa daba, debías adivinar de qué película estaba hablando, y el premio era una cita con el actor del momento, Mark Valentine, protagonista del culebrón televisivo Besos de topacio. Seguir leyendo “Cita con una estrella (Parte 1)”

Benditos egoístas

Restaurante Fabiano, nueve de la noche de un sábado cualquiera. Estamos en pleno mes de septiembre. La gran mayoría de los mortales ya está adaptándose a la rutina después de los meses de verano. Algunos han dejado muchas cosas atrás, como amoríos de meses estivales, de minutos o de instantes. Otros han estado metidos en Internet, y han tenido tiempo de tener animadas conversaciones con desconocidos en la red de redes, que pronto derivarán en encuentros cara a cara. Cuando uno va a conocer a aquel que está tecleando detrás de un ordenador, a esa criatura con la que sientes que has conectado, siente unos nervios y una excitación irrefrenable.

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Y en esto estamos metidos. Dos personas que han estado hablando durante tres meses a través de la red de redes, por fin van a conocerse en persona. Previamente a este encuentro, los dos individuos, un hombre y una mujer, han enviado al otro una fotografía para poder reconocerse con facilidad. El punto de encuentro es el restaurante, a las nueve en punto.

En una mesa del fondo, alineando los cubiertos, y hecho un manojo de nervios, está Álvaro, un tipo alto, guapo, con los ojos castaños y el pelo oscuro. Ahora mismo, está esperando a una tal Elena87, que es el nick que su cita emplea en la red. No sabe nada de ella, solo ha visto una foto suya. Según esta información, ella tiene el pelo castaño largo, y los ojos verdes. Y digo que no sabe nada de ella, porque Álvaro nunca ha chateado con Elena. Seguir leyendo “Benditos egoístas”

La chica de Gran Vía

Son las ocho de la tarde de un frío sábado del mes de octubre de 1958. He salido a dar un paseo y a hacer unas compras por una abarrotada Gran Vía. La gente camina de un lado a otro, los coches circulan y se detienen delante del semáforo. Suena alguna bocina, mientras conversaciones apresuradas envuelven el ambiente, acompañadas de alguna risa. A estas horas ya ha oscurecido, y todo el mundo camina con cierta prisa.

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Las señoras van elegantemente vestidas con faldas hasta la rodilla, zapatos de tacón, bolsos de mano, y abrigos largos. Los caballeros llevan sombrero, gabardinas unos, abrigos largos otros, y elegantes zapatos de cuero, cuyas suelas golpean la acera, emitiendo una especie de chasquido a cada paso.

Si miras hacia arriba, puedes ver los enormes carteles pintados a mano, anunciando las películas que están en las carteleras de los muchos cines que hay en esta calle tan grande. Como en el Palacio de la Música, donde anuncian la película Al Este del Edén, protagonizada por James Dean.

Un autobús de dos plantas pasa cerca de donde yo estoy, lleno de pasajeros. Algunos de ellos bajan en la parada que hay justo delante. Giro mi cabeza, y miro al frente. Entonces, sucede. Seguir leyendo “La chica de Gran Vía”

¡ALTO! ¡O CUPIDO DISPARA! (FINAL)

Había pasado una semana desde su estancia en comisaría, y Sakura estaba de los nervios. Se había dado cuenta de que había perdido el carné de identidad, pero no recordaba dónde. Debido a esto, tuvo que volver a pedir cita para hacerse uno nuevo. Lo único que le hacía mantener a raya su inquietud eran las clases. Sus alumnos estaban preparándose para las competiciones que tendrían lugar dentro de unas semanas, y Sakura estaba completamente entregada. Supervisaba el entrenamiento, y después, cuando todos se marchaban, era ella la que entrenaba.

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Le gustaban esos momentos de soledad, donde nadie la molestaba, y solo se concentraba en sí misma y en lo que estaba haciendo. Aunque hay alguien en quien no puede dejar de pensar a pesar de haberse obligado a ello: El policía de los ojos preciosos. Desde que le conoció, cada noche ha soñado con él. Seguir leyendo “¡ALTO! ¡O CUPIDO DISPARA! (FINAL)”