Fiesta sin fin

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        Era una fría noche de noviembre en Madrid. El viento soplaba débilmente, pero lo suficiente, como para que el aire penetrara en la piel, y calara los huesos. El cielo estaba despejado, y podían verse algunas tímidas estrellas que apenas brillaban.

       Ya era pasada la medianoche, y mientras en las discotecas y clubs, la gente se divertía disfrutando de una noche de sábado, las calles permanecían en silencio, sin viandantes que las cruzasen. Solo había algún vagabundo, que no había encontrado cobijo en ningún albergue, acurrucado al calor de algún portal, tumbado sobre cajas de cartón.

       Ramón llevaba un buen rato dando vueltas por aquellas callejuelas oscuras, cercanas a la calle Arenal. Sus amigos habían decidido quedarse en la discoteca un rato más, pero él tenía los tímpanos doloridos, y la cabeza iba a estallarle después de estar dos horas escuchando música electrónica sin parar.

      Su amigo Fran le había dicho que se verían más tarde, que él tampoco se quedaría mucho, y que le esperara en algún sitio para tomar un taxi juntos. Se suponía que Fran tenía que haber salido ya de la discoteca, pero ya eran casi las 2, y su amigo no daba señales de vida. Seguir leyendo “Fiesta sin fin”