Encuentro con una desconocida (Historia navideña de Siempre estuve esperándote)

¡Hola, corazones rebeldes!

Y aquí está el último relato del año. Esta vez, protagonizado por Sophia y Aiden, los personajes principales de mi novela Siempre estuve esperándote. IMPORTANTE: Si no habéis leído la novela os recomiendo no leerlo, porque puede contener SPOILER. Y si la habéis leído, espero que la disfrutéis mucho.

Encuentro con una desconcida (1).png

Club Newtral, Dublín, 31 de diciembre de 2003

El club estaba completamente lleno. La gente bailaba, reía, y bebía, aprovechando los últimos minutos del año. Aquella noche, Aiden había ido con Liam y unos amigos a despedir el año al club Newtral, uno de los más populares de la ciudad. La atronadora música sonaba por todo el local, mientras las luces de diversos colores centelleaban de forma aleatoria.

Aiden estaba cerca de la barra, atrapado entre la multitud que bailaba a su alrededor. Liam estaba ocupado besándose con una guapa rubia en un rincón, y los demás, estaban desperdigados por el local.

En ese instante, Aiden decidió salir a respirar un poco de aire fresco. Dejó su vaso de whisky vacío sobre una mesa cercana, y se abrió paso entre la gente hasta llegar a una salida de emergencia que daba a un patio trasero.

Tras empujar la pesada puerta metálica, salió y pudo sentir el frío en su cara. Daba gracias a que llevaba puesta una chaqueta que le protegería un poco de las bajas temperaturas. Se quedó de pie sobre el pavimento cubierto ligeramente de nieve, alzó el mentón, cerró los ojos y cogió una bocanada de aire, para después expulsarla resoplando con fuerza. Ahora podía respirar mejor. Atrás quedaba la atronadora música y la atmósfera cargada.

—¿Tomando un poco de aire fresco?—preguntó una voz femenina.

Aiden giró la cabeza, y ahí la vio, a su lado. Era una chica con una melena pelirroja larga, vestida con un abrigo gris, y con las manos metidas en los bolsillos. Debajo llevaba un vestido negro con falda larga por debajo de las rodillas.

—Sí. Adentro el ambiente es asfixiante. ¿Tú también has salido a tomar el aire?

Ella sonrió y asintió.

—Sí. Lo necesitaba. ¿Vienes mucho por aquí?

—No, es la primera vez. ¿Y tú?

—Mi primera vez también. Me han secuestrado unas amigas de la universidad, que estaban empeñadas en venir. Dicen que aquí vienen chicos muy guapos.

Aiden se rio.

—¿Y has visto muchos?

Ella agachó la mirada y se encogió de hombros.

—Alguno. Pero solo tengo ojos para uno.

Aiden comprendió enseguida por donde iba.

—Ya veo. ¿Y él piensa lo mismo?

Ella negó con la cabeza y respondió con tristeza:

—No, solo me ve como una amiga.

Aiden asintió, pensativo.

—Entiendo perfectamente cómo te sientes.

Ella lo miró con cierta sorpresa.

—¿En serio?

—Sí. Yo también estoy enamorado y no soy correspondido—Aiden hizo una pausa, y continuó—: Bueno, en realidad, ella me quiso una vez, pero fui un estúpido y pasé de ella. Cuando quise darme cuenta y poner remedio, ya era tarde.

La chica sintió verdadera pena por él.

—Yo ni siquiera se lo he dicho.

—Entonces, ¿cómo sabes que no le gustas?—inquirió con interés.

—Porque siempre está rodeado de chicas. Es irresistible y todas van detrás de él. Además, siempre me está diciendo que soy la mejor amiga del mundo.

—Pero eso no quiere decir que no tengas ninguna posibilidad.

La chica suspiró, abatida.

—El hecho de que él esté ahí dentro morreándose con una chica guapísima, creo que es señal inequívoca de que no le gusto. El destino me ha hecho venir aquí esta noche para que acepte mi derrota.

Aiden se quedó sin argumentos al escuchar eso.

—Ya veo.

Se quedaron en silencio, observando el cielo nublado.

—Bueno, que él pase de ti, no quiere decir que no vayas a conocer a alguien—comentó Aiden de repente.

Ella se rio.

—Supongo. Pero no sé cuándo ni donde voy a encontrar a alguien que se enamore locamente de mí.

—Por ahí andará. Cuando menos lo esperes, aparecerá—aseveró él.

Ella le miró.

—A ti también te ocurrirá lo mismo. Estoy segura.

Aiden se rio con tristeza.

—No lo creo. Lo que siento por ella es muy fuerte. No tengo ganas de involucrarme en una relación seria. Estoy bien como estoy.

—Sí, pero el amor se abre paso a pesar de cualquier resistencia. Aunque nos empeñemos, cuando alguien nos roba el corazón, no podemos luchar contra ello.

—Así que, ¿crees que te olvidarás de lo que sientes por él?

—Ahora no creo nada, porque no sé lo que me deparará el futuro. A lo mejor el chico que me gusta decide un buen día mirarme con otros ojos o en algún momento de mi vida, capto la atención de alguien. Entonces, esa persona se interesa por mí, intenta conocerme de verdad, saber cómo soy, lo que me gusta, lo que pienso, y acaba perdidamente enamorado de mí. ¿Quién sabe?

En ese instante, ella le dedicó una intensa mirada que hizo que el corazón de Aiden diera un vuelco. Qué extraña sensación, pensó, algo inquieto.

—Bueno, será mejor que vuelva dentro, están a punto de dar las doce—dijo ella, mirando su reloj de pulsera.

Aiden sacudió la cabeza.

—Sí, buena idea—respondió, aturdido.

Ella pasó delante de él y abrió la puerta. Justo antes de entrar, lo miró y sonrió.

—Feliz año.

Tras esto, se adentró en el interior, y desapareció para siempre. Aiden entró en el local, y en ese momento, empezó la cuenta atrás. Apenas se enteró de nada, porque la mirada de aquella chica seguía clavada en su mente.

—¡Feliz año, Aiden! —gritó Liam, abalanzándose a sus brazos.

Esto hizo que volviera a la realidad.

***

Dublín, presente.

—¡Aiden!

Se apartó de la ventana, donde tenía centrada su mirada, y se dio media vuelta. Allí estaba Sophia, con un gracioso gorro de fiesta, y un vestido rojo que se había puesto para celebrar la Nochevieja. Aunque habían decidido quedarse en casa y hacer una celebración íntima, ambos se habían arreglado. La expresión de Aiden, que la miraba con gesto serio, hizo que la entusiasta sonrisa de Sophia se desvaneciera.

—Vale, me queda fatal. Tengo la cabeza de Doraemon, pero solo lo hago por poner un toque divertido, cariño, no hace falta que me mires así—le recriminó.

Aiden observó a su mujer, pensativo.

—¿Dónde estuviste la Nochevieja de 2003?

Sophia se quedó un tanto sorprendida ante la pregunta. Pensó unos segundos, y el recuerdo de aquella noche volvió a su memoria.

—En el club Newtral. Recuerdo que fui con unas amigas de la universidad, y me encontré a Liam. —De repente, se acordó de aquel tipo guapísimo con el que estuvo hablando en el patio del club—. Y conocí a un chico muy mono…

Aiden la miró fijamente.

—Qué casualidad. Yo conocí a una pelirroja esa noche.

Sophia abrió mucho los ojos, y se acercó a Aiden. Le estudió con la mirada, y entonces, todo tuvo sentido.

—¡No puede ser! —afirmó, llevándose las manos al rostro.

Aiden se rio al ver su cara de sorpresa, con ese diminuto gorro de fiesta puesto. Estaba realmente graciosa.

—¡Yo sí que no me lo puedo creer!

—¿Y cómo es que me lo dices ahora? ¿Ya lo sabías? —inquirió con suspicacia.

—Estaba mirando por la ventana mientras estabas en la cocina, y me ha venido a la mente aquella noche. No me preguntes por qué, ha sido muy raro acordarme de eso ahora.

Sophia se acercó más a él, y le acarició la cara, deteniéndose en su barba.

—¿Te das cuenta? El destino estaba empeñado en que acabáramos juntos. Esa noche, luego el pub…

Aiden enredó sus dedos en su suave melena, y la miró, embelesado.

—Eso parece.

Entonces, descendió sobre sus labios y le dio un tierno beso, que dejó a Sophia sin fuerzas en las piernas. A pesar del tiempo que llevaban juntos, y las veces que Aiden la había besado y acariciado, todavía conseguía estremecerla de una manera deliciosa siempre que la tocaba.

De repente, en la televisión comenzó la cuenta atrás. Los dos se miraron, unieron sus manos, y empezaron a contar. Y finalmente, dio comienzo el año nuevo. Se abrazaron con fuerza y se dieron un apasionado beso.

—Otro año más juntos—dijo Sophia, dedicándole una tierna mirada.

—Y muchos más que nos quedan—respondió él, apoyando su frente en la da ella.

—Si esa noche me dice alguien que acabaría casada con ese guapo moreno de ojos verdes que tenía el corazón roto como yo, no lo habría creído.

Aiden se rio.

—Ni yo. Y, por cierto, también me pareciste guapa. Me encantó tu melena pelirroja.

—Es lo que más te gusta de mí. Incluso diría que lo único…

Aiden negó con la cabeza.

—Estás equivocada, me gustan otras partes de ti—respondió él con sensualidad.

Sophia sintió que se quedaba sin aliento ante la intensa mirada de su marido.

—¿Ah sí? ¿Y qué otras partes te gustan de mí?—inquirió ella con una mirada pícara.

Aiden volvió a besarla. Profundizó el beso, e hizo que a Sophia se le escapara un gemido.

—Ahora mismo te lo explico…

Entonces, agarró a Sophia en brazos, a lo que ella reaccionó con una carcajada, y se adentraron en la habitación, donde se perdieron el uno en el otro. Tras hacer el amor, Sophia se quedó dormida en sus brazos, y Aiden regresó a aquella noche de 2003. La última mirada que le lanzó aquella desconocida volvió a su mente, y sonrió al saber por fin su identidad. Era Sophia, la mujer de su vida.

Cuidado con el caprichoso destino, que puede hacer que, en una Nochevieja cualquiera, encontréis al amor de vuestra vida.

¡Feliz 2020!

Encuentro con una desconocida ©2019, Andrea Muñoz Majarrez/Siempre estuve esperándote ©2018, Andrea Muñoz Majarrez

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