El vecino

Para Chris.

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Vivo en una buhardilla, en una casa de tres plantas en Beeston, Nottingham. Es una zona tranquila con casas familiares. Un lugar agradable. Mi vida es tranquila, sin sobresaltos ni nada reseñable. Comparto apartamento con mi gata Chloe, una preciosa felina de color negro, que es muy curiosa y que siempre me recibe cuando llego de algún sitio con todo el amor del mundo. Desde mi piso puedo ver los jardines de mis vecinos, y tengo una panorámica estupenda. Justo debajo, vive mi vecina Meredith, y en la planta inferior vive una pareja, John y Michel. Con todos me llevo muy bien.

Soy una chica del montón, que lleva sin tener novio mucho tiempo. Tampoco ligo ni tengo rollos de una noche. Vamos, que vivo en una sequía sentimental permanente. Sueño con conocer a alguien que llene mi vida de emociones fuertes. Pero aquí, no creo que lo encuentre.

Esa semana, observo que hay un camión de mudanzas en la puerta de al lado, donde también hay una casa de tres plantas como la nuestra. La única diferencia es que esa no está dividida en tres viviendas. Es para un único inquilino. Ahora me pica la curiosidad por ver quienes serán nuestros nuevos vecinos. Espero que sean simpáticos.

Una tarde, me asomo a la ventana, y compruebo que en el jardín de la otra casa hay alguien. Entrecierro los ojos, y me fijo bien. Ahora distingo a un hombre, alto, con el pelo castaño, barba, y parece ser muy atractivo. Empieza a pasearse por el jardín, y se acerca a nuestra verja, que le llega a la altura de la cintura. Ahora puedo distinguirle mejor. ¡Madre mía! ¡Está como un queso! Lleva unos vaqueros, y una camiseta blanca ajustada. Se marcan sus musculosos brazos, donde tiene unos cuantos tatuajes, y observo que tiene unos preciosos ojos azules.

Observa pensativo nuestro lado de la verja, mientras yo me deleito mirándole. Me muerdo el labio inferior, y noto una cálida sensación en mi vientre. Solo recuerdo haber visto a un tipo tan guapo en las revistas. Quizás sea modelo o actor. A lo mejor podría hacerme amiga suya. Darle la bienvenida al vecindario.

Quizás, un ¡Hola, vecino!, o algo así, sería un buen comienzo. Y luego le dedico una mirada seductora, y pongo morritos. Sí, así le dejaría KO, y se daría cuenta de que soy la mujer de su vida. Suspiro con resignación. Olvídate, Sam. Ese bombón seguro que tiene una novia top model esperándole en casa. Si bajas a saludarle, lo más probable es que te quedes en blanco o lo que es peor, empieces a tartamudear debido a los nervios. Me aparto de la ventana y miro alrededor. Me extraña no ver a mi gata Chloe.

—¿Chloe? ¿Dónde estás, preciosa?

cat-907749_640.jpgEmpiezo a buscarla por mi diminuto piso, pero no la encuentro. De repente, me fijo en la ventana de mi habitación, que está abierta. Seguro que la muy pilla ha salido a dar una vuelta. Bueno, ya volverá.

En ese momento, vuelvo al salón, y escucho una voz proveniente del jardín.

—¡Hola, pequeñaja! ¿Eres mi vecina?

Me asomo a la ventana rápidamente, y veo a mi nuevo vecino acariciando a Chloe, que se deja querer. ¿Pero qué? ¡Noooo! ¡Ay, Dios mío! ¡La madre que…! Bajo a toda prisa las escaleras, sin importarme que voy vestida con mis vaqueros desgastados, y una camiseta de Minnie Mouse, un poco infantil, además de mis zapatillas de andar por casa, decoradas con corazones rojos y caras de ositos.

Llego hasta la puerta del jardín, y respiro hondo, intentando recuperar el aliento. Salgo decidida a buscar a Chloe. Llego hasta el fondo del jardín, y allí veo un panorama que me despierta mucha ternura. Mi vecino está agachado, acariciando el lomo de Chloe, que está en su jardín. Yo sonrío. No puedo enfadarme con Chloe. Ella ha hecho lo que yo no me atrevía a hacer. Ahora que observo a mi vecino más de cerca, compruebo que es guapísimo. Tiene una sonrisa dulce, y un porte muy seductor. Sus manos son grandes y fuertes, y tiene un cuerpo perfecto. Ahora siento mucho calor pensando en el tacto de esas manos sobre mi cuerpo. De repente, alza la vista, y yo me pongo nerviosa. ¿Habrá visto el charco de baba que he dejado?

—Hola—dice, con una sonrisa. Se incorpora y se acerca a mí.

Yo agacho la mirada, un tanto avergonzada.

—Hola.

—¿Conoces a esta gata?

Yo asiento, y le miro.

—Sí, es mía. Se llama Chloe.

Chloe me mira, y se acerca a la valla. Mi vecino la coge en brazos, y me la entrega. Nos rozamos, y siento un cosquilleo en la boca del estómago. Me sorprende que Chloe no proteste. Suele ser bastante arisca con los desconocidos.

—Espero que no te haya molestado. Es que dejé abierta una ventana, y ha decidido salir a dar un paseo—comento.

—No te preocupes. Me gustan los gatos. Mi madre tiene dos. Estoy acostumbrado a tratar con ellos.

—Eso parece. Creo que a Chloe le gustas. Suele ser muy arisca.

Él sonríe, y siento que me derrito.

—Me alegra. ¿Vives en esa casa? —pregunta, señalando mi casa.

—Sí, en la buhardilla. Tú eres nuevo, ¿cierto?

—Sí, me llamo Edward, pero todos me llaman Eddie.

—Yo soy Samantha, pero todo el mundo me llama Sam.

Vaya, ha sido más fácil de lo que creía. Él me mira fijamente a los ojos.

—Encantado, Sam. Espero veros a Chloe y a ti a menudo.

Yo abro los ojos, sorprendida.

—Por supuesto, estamos aquí al lado. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarnos.

—En la buhardilla ¿no?

—¡Sí! ¡En la buhardilla! —respondo, sonriendo y apartándome un mechón de la mejilla.

—No lo olvidaré—responde, guiñándome un ojo.

¿Qué significa ese gesto? El corazón se me va a salir del pecho.

—Bueno, pues nada. Nos vamos. Bienvenido al barrio, y ya nos veremos—digo, retrocediendo con Chloe en brazos.

—Gracias—responde él, con su perfecta sonrisa y sin dejar de mirarme.

Retrocedo tanto que no me doy cuenta y choco con la puerta del jardín. Me sobresalto, y Chloe maúlla, molesta. Oigo que él se ríe, y finalmente, me meto en casa. Subo las escaleras, y cuando llego a mi piso, abrazo a Chloe con todas mis fuerzas.

—¡Chloe, eres la mejor! Gracias por ser una gata escapista—le beso la cabecita y ella ronronea.

La dejo en el suelo, y me asomo a la ventana. Ahí está él, estirando los brazos. De repente, alza la cabeza, y mira en dirección a mi ventana. Yo me asusto, y me escondo, aunque me asomo un poco. Él vuelve a sonreír, y observo que me guiña un ojo. Pero bueno, a mí me va a dar un infarto con este hombre. Y me da la impresión de que esto es solo el principio.

©Andrea Muñoz Majarrez, 2018.

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