El reencuentro (Tercera y última parte del relato Loki y la Geek)

Relato basado en los personajes y los cómics creados Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby, publicados por Marvel Cómics.

Había pasado una semana desde mi cita con Loki, y a pesar de que tenía ganas de volver a verle, mi ánimo no había decaído. Hoy estaba poniendo los precios a una nueva colección de cómics que acababa de llegar. En la tienda, mi jefe Bob estaba atendiendo a dos clientes en el mostrador, y había dos chicas hablando en uno de los pasillos. Como estaba muy cerca, no pude evitar escuchar la conversación:

—Fuimos a mi casa, y mientras él me esperaba en el salón, me metí en la ducha, para prepararme para lo que haría después.

—Mmmm, eso suena interesante… ¡Sigue contando!

—Bien, salgo de la ducha, y me cubro con una toalla. Entonces, voy al salón y él se queda petrificado.

—¿¡¡¡Saliste desnuda!!!?

—Casi, ya que tenía puesta la toalla. El caso es que, se queda alucinado. En ese momento, me acerco a él y me pego a su cuerpo. Podía sentir su respiración, y otra cosa más abajo. Y un minuto después, había dejado caer la toalla, y lo estábamos haciendo en el sofá de forma salvaje.

Yo me imaginaba la escena con Loki, y notaba como el corazón me latía a mil por hora. Madre mía, si tuviera ocasión de hacer eso, no me lo pensaba. Bueno, sería en sueños, porque lo que es en la realidad, ya me podía ir olvidando.

Por la tarde, alrededor de las cinco, yo sigo ordenando el nuevo catálogo, cuando un cliente entra. Suena la campanilla de la puerta, y noto una presencia a mi lado.

—Hola, pequeña intrusa.

Alzo la vista y le veo. Casi me caigo de la impresión.

—¡Loki! ¿Qué haces aquí?

Él me sonríe, y empieza a pasearse por delante de mí, curioseando lo que hay en las estanterías. Lleva un elegante abrigo negro, y guantes de cuero, con su pelo peinado hacia atrás. Como siempre, está guapísimo.

—Nuestra cita fue interrumpida y había pensado que debíamos continuarla.

Yo sonrío.

—Ya te dije que no era necesario. Aquello fue suficiente—comento, aunque en el fondo estoy encantada de verle.

Él se gira y me mira, y cuando siento su mirada azul sobre mí, mi pulso se acelera.

—No fue suficiente porque faltó algo.

Yo ladeo la cabeza.

—¿Y qué faltó?

—El paseo, agarrados de la mano. Era lo que querías ¿cierto?

Vale, ahora sí que estoy volando sobre una nube. ¿Tantas molestias por un paseo? Seguro que tiene cosas mejores que hacer, y aún así, aquí está. ¿El destino me está mandando señales? Si es así, debo aprovechar la oportunidad.

—Salgo en una hora, si quieres, puedes pasar a recogerme…

—¿No puede ser ya?

—No, me temo que no.

—¡Annie! Necesito que busques algo en el catálogo. ¡Déjate de tanta cháchara y ponte a trabajar! —dice mi jefe, un poco borde.

Yo tuerzo el gesto, y miro a Loki.

—Te veo en una hora. ¿De acuerdo? Ahora tengo que dejarte.

Me doy media vuelta, y me meto en el almacén, que está al fondo de la tienda. Cinco minutos después, regreso al mostrador, y veo a mi jefe y a Loki hablando. Ambos me miran, y noto a mi jefe un poco raro, como con la mirada perdida.

—Annie, ya puedes irte a casa, no te voy a necesitar por hoy. Y mañana tienes el día libre. Te mereces un descanso.

¿Cómo dice? Pero si ya no tengo ningún día libre esa semana. Frunzo el ceño, y dedico una mirada suspicaz a Loki, que está cruzado de brazos, como si con él no fuera la cosa.

—¿En serio?

—¡Claro que sí! Eres muy trabajadora, y te mereces un descanso.

Esto no es propio de Bob. Sospecho que Loki ha hecho algo. Bueno, aprovechemos las circunstancias. Me encojo de hombros, y voy a recoger mis cosas. Cinco minutos después, Loki y yo ya estamos fuera.

—Loki, no habrás tenido nada que ver en todo esto, ¿verdad?

Él mira alrededor.

—En absoluto.

Yo alzo una ceja, y él inclina la cabeza.

—Bueno, puede que un poco.

—¿Un poco? Le has hipnotizado. No puedes ir usando tus poderes para estas cosas.

De repente, agarra mi mano, y me dedica una sonrisa.

—Ahora empieza nuestra cita.

Vale, se me ha olvidado hasta mi nombre al sentir su cálida mano agarrando la mía. Captamos algunas miradas mientras caminamos. No sé exactamente hacia donde vamos, pero no me importa. Llegamos a Central Park, que está a unas tres manzanas de la tienda. Nos adentramos en el parque, y finalmente, nos detenemos en una zona apartada. Loki se pone frente a mí, sin dejar de agarrar mi mano, y dice:

—Ahora vamos a ir a un sitio y necesito que te agarres fuerte ¿de acuerdo?

Yo asiento, y me abrazo a su torso. Mi corazón va a salirse del pecho. No pregunto nada, solo me dejo llevar. Un minuto más tarde, estamos haciendo un viaje interestelar y llegamos a nuestro destino. Estamos fuera de la Tierra, eso es lo único que sé.

—¿Dónde estamos?—pregunto, sin apartarme de él.

—En Asgard.

Estamos en una especie de palacio, y está anocheciendo. Me conduce por un largo pasillo hasta una habitación enorme. Allí hay una cama con dosel, y todo está decorado de una forma clásica y elegante.

—Esta es mi habitación.

¡Oh, Dios mío! ¿Ya vamos ha…? ¡¡Pero si no me he puesto nada sexy!! ¡¡Y ni siquiera nos hemos besado!! Bueno, Annie, aprovecha la oportunidad y no seas tímida.

—Sígueme.

Me conduce a la terraza, y desde allí hay unas vistas increíbles de Asgard. La luz se está ocultando, y la oscuridad empieza a invadirlo todo. Loki se coloca detrás de mí, y me susurra al oído:

—Vamos a mirar las estrellas.

Yo alzo la vista, y me quedo sin palabras. Sobre nosotros, hay un manto de estrellas infinitas. Es lo más bonito que he visto nunca. Loki me rodea la cintura con su brazo, y yo me apoyo en su torso para ver todo mejor. Es uno de los mejores momentos de mi vida. La mejor cita del mundo.

—Es precioso—digo, asombrada.

Entonces, Loki se inclina sobre mí, acaricia mi mejilla y me besa. Sus labios me saborean con ternura, despacio, y siento mariposas en mi estómago. Me aferro a él y acaricio su rostro mientras profundizamos el beso. Ahora siento que estoy volando. Se aparta un poco de mí, y me observa.

—No sé cómo lo haces, pero cuando estoy contigo, me siento frágil. No sé qué clase de poder tienes sobre mí, pero no puedo evitar querer estar contigo. Me debilitas, pero a la vez, me fortaleces.

Madre mía, qué cosas me dice.

—Es el poder del amor, supongo.

Vuelve a besarme, esta vez con más pasión, devorando mis labios con deseo. Yo me abrazo a él y le devuelvo el beso de la misma manera, soltando un suave gemido. Ahora recuerdo la conversación entre las dos mujeres, y acabo de tener una idea brillante. Es el momento, porque noto un bulto sospechoso ahí abajo.

—¿Puedo darme una ducha?

Él me mira entrecerrando los ojos.

—Claro. Hay un baño en este cuarto, al fondo.

—Perfecto. ¡Ahora vuelvo!—digo, separándome de él.

Entro en el baño, que es enorme. Hay una bañera gigante, y huele a perfume de rosas. Me meto en la bañera y me doy una ducha rápida. Madre mía, me está entrando calor por todo el cuerpo. ¿Me estaría precipitando? Bueno, mejor arriesgarse. Salgo finalmente, y cubro mi cuerpo con una toalla. Me miro al espejo, y ensayo las miradas y los gestos insinuantes que voy a hacerle. Espero que lo pille todo al vuelo.

Salgo del baño, y él sigue en la terraza, mirando las estrellas. Estoy muy nerviosa, pero me siento decidida. Carraspeo, y él se da la vuelta. Entonces, veo su cara de sorpresa.

—Hace un poco de frío aquí…—digo, con aire inocente, acariciando mis brazos, y mirándole de forma seductora.

Él me mira de arriba abajo.

—¿Qué quieres de mí, pequeña intrusa? Empiezo a pensar que quieres vencerme. ¿Te ha enviado Thor?

Yo me río. ¿Vencerle? Esto no es una guerra ¿O sí? Me acerco a él sin dejar de mirarle. Ahora noto que está tenso, y eso me gusta.

—Quiero una rendición absoluta, Loki. Quiero llenar tus pensamientos, saciar tu deseo, y quedarme grabada en tu corazón y en tu alma.

Llego hasta él, y me pego a su cuerpo. Su respiración es agitada. Me encanta ponerle así.

—Me siento débil. ¿Tienes idea de lo que estás haciendo? —pregunta, con la respiración entrecortada—. Si te toco, no podré controlarme.

Yo me restriego un poquito, y él gime.

—Déjate llevar—le digo con voz sensual.

Me mira, y suelta un rugido. A continuación, me coge en volandas y me tumba en la cama, mientras me besa salvajemente. Pierdo la toalla, él su ropa, y acabamos desnudos, haciendo el amor. Siento que estoy volando por el universo. Le toco y le beso por todas partes, acaricio su torso musculoso, sus abdominales, sus partes íntimas. Él hace lo mismo, me acaricia, reparte besos por todo mi cuerpo, y me hace viajar al paraíso. Le hago mío, está a mi merced, y yo a la suya. Nos convertimos en uno solo, y acabamos exhaustos, tumbados, uno al lado del otro. Ha sido increíble. Loki se gira hacia mí, apoya su cabeza sobre su codo flexionado y me mira con una sonrisa.

—Pequeña intrusa, has conseguido mi rendición absoluta.

Yo me río, y le doy un tierno beso en los labios.

—Me siento poderosa.

—Lo eres, a pesar de ser una simple mortal.

—Pues cuidado con los mortales, porque podemos ser vuestra perdición.

Horas más tarde, y después de hacer el amor más veces a lo largo de la noche, Loki me lleva a casa. Ha llegado la hora de despedirse.

—Ha sido maravilloso. Ojalá podamos repetirlo—digo con anhelo.

—¿Dudas de ello? Ya has conseguido lo que querías, y ahora tienes que hacer frente a las consecuencias.

—¿Ah sí? ¿Y qué he conseguido exactamente?

—Llenar mis pensamientos, y quedarte grabada en mi alma y en mi corazón.

Madre mía, y me lo dice como si me estuviera dando los buenos días. Es un hombre de hielo, con fuego dentro. Entonces, me acerco a él y le doy un beso. Ahora puedo pronunciar las palabras que siempre he querido decirle y que hasta ahora no me atrevía a pronunciar:

—Te quiero, Loki.

Él abre mucho los ojos, y justo cuando va a decir algo, aparece Iron Man de la nada. Los dos le miramos.

—Buenos días, tortolitos. Me temo que vais a tener que dejarlo. Hay trabajo que hacer.

Se aleja de nosotros, y es entonces cuando Loki se dispone a marcharse. Yo ya me estoy preparando para subir a mi apartamento, cuando él agarra mi mano, tira de mí, y me besa con pasión. Se aparta un poco, y a unos centímetros de mi boca, me dice:

—Yo también te quiero, Annie. Ahora ya somos el uno del otro, no lo olvides. Nos veremos pronto, mi pequeña intrusa.

Se alejan los dos de allí, y yo me quedo ahí de pie, con cara de atontada. Me acabo de convertir en la novia de Loki, así, sin más. Este es, sin duda, el mejor final para una historia de todos los tiempos.

FIN

 

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