Vida de escritor: Las temidas críticas y opiniones negativas

¡Hola a todos!

Este artículo de la sección Vida de escritor se sale un poco de los consejos habituales que suelo daros, pero es que mi cerebro creía necesario escribirlo. Esta idea viene a raíz de la publicación de una de mis compañeras de editorial, respecto a una serie de críticas negativas que le habían llegado acerca de alguno de sus libros. Esta compañera había llegado al punto de plantearse dejar de escribir, y a mí esto me llegó al corazón. Por eso, necesito expresarme en este pequeño rinconcito que es mi página Corazón rebelde.

Oh-no

Siguiendo la línea de mi anterior publicación sobre conseguir reseñas, es un hecho constatado y probado que mucha gente se basa en las opiniones de otros lectores o críticos literarios a la hora de escoger un libro. Sí, es así. A mucha gente le gusta saber la opinión de los demás, dejando a un lado la sinopsis o la portada. Muchas veces, una recomendación de un tercero vale más que toda una campaña publicitaria. En mi caso, si hubiera tenido en cuenta la opinión de la crítica, me hubiera perdido verdaderas obras maestras, así que yo a nivel personal, suelo pasar de largo por las opiniones.

Dicho esto, cuntitled1omo escritora tengo claro que es importante que la gente hable y critique tu libro, con más o menos tino. Y que en todo esto, surgen críticas de todo tipo. Tenemos las positivas, que son las que todos deseamos, no debemos engañarnos; las positivas-constructivas, que son las que dicen que les gusta tu libro pero que cambiaría alguna cosilla; las negativas-constructivas, estas te dan un repaso, pero al menos intentan ayudarte; y las negativas, muchas veces no aportan nada, incluso suelen tirar a matar, para hacer daño.

Bien, ya tenemos la clasificación. Es bueno tener críticas de todo tipo, porque al fin y al cabo, eso demuestra que tu libro al menos no pasa desapercibido. Todo esto desde mi visión estrictamente personal. En mi caso, he tenido críticas de todo tipo, más buenas que malas. Pero ocurre algo curioso. Sé de muchos escritores que tienen un montón de críticas positivas, no hablo de cinco, no, no, hablo de veinte o treinta. Y de repente, encuentran dos críticas negativas. Vosotros pensaréis, estupendo, deben estar contentos. Pues no. Por desgracia, esas dos críticas negativas, destacan sobre el resto. Es siempre así.

Es una especie de instinto natural que tenemos todos. Pensadlo bien. Cuando buscáis un producto en Internet, con un montón de buenas opiniones ¿cuál es la que os llama la atención? Os fijáis en ese que ha puesto una estrella. Sí, es así. Aunque al final, elegís pasar de esa crítica y compráis el producto. No pasa nada, es algo lógico. Pues con los libros pasa algo parecido. Sobre todo al autor. Nos quedamos con la crítica negativa, aunque sea totalmente destructiva, incluso absurda. Y muchos nos hundimos en la miseria (yo en mi caso paso, bastante drama hay en la vida diaria como para añadir más). Incluso lamentándonos por las redes, y algunos se replantean dejarlo (y eso es lo que más rabia me da, a mí ni se me pasaría por la cabeza esa idea).

Os hablo a nivel personal, lo comparto con vosotros, porque hay confianza. Yo en dos días, recibí palos por todos lados. La primera crítica en Goodreads de Charlotte Beverly fue negativa, y tuve dos malas de Corazones rebeldes. Todo en dos días. Al principio, confieso sin miedo que me enfadé. Sí, me enfadé y quise destruir la vajilla. Andaba como un animal enjaulado, de un lado a otro. Pero ¿sabéis qué? Que me duró el enfado diez minutos, porque volví a la realidad. Son opiniones totalmente subjetivas y personales. Que sí, que mucha gente presume de ser objetiva, pero no es así del todo. Al final, cada uno tenemos nuestro criterio, y nuestro bagaje cultural y educativo. A mí no me gustan las mismas cosas que a los demás, y punto. Y ¿qué vas a hacer? Yo soy una persona que defiende la libertad de expresión, y eso conlleva que de vez en cuando aparezca alguno que te baje de la nube y te recuerde que eres mortal. Y no puedes decir nada (a menos que haya insultos y demás, las cosas se deben decir con respeto), porque tú te expones cuando publicas algo, a que los demás puedan opinar.

Y no pasa nada por enfadarte por una mala crítica, porque te molesta y ya está, eres un ser humano con sentimientos. A todos nos encantaría que nuestro libro gustara, y que todo fuera positivo, pero eso no sería realista. Eso sí, no debemos ser esclavos de una opinión. Eso nunca. ¿Qué lees la crítica y valoras el trabajo, y llegas a la conclusión de que algo ha fallado? Bien, pues cámbialo, mejora, trabaja duro. No escribes igual cuando empiezas tu carrera de escritor. Yo lo he notado. Estoy escribiendo historias nuevas, y no lo cuento de la misma manera, porque evolucionas, de eso se trata. Y por supuesto, no debes ser un copia y pega de otros autores (ups, aunque alguno así lo ha hecho), debes tener tu estilo y escribir tus historias, sin buscar parecerte a otro.

En conclusión, hay que aceptar las críticas, porque no nos queda otra. No todo va a ser maravilloso, pero eso no quiere decir que debamos abandonar un sueño. Si recibimos más críticas negativas que positivas, que son en el menor de los casos, debemos examinar qué estamos haciendo mal. Pero no por dos críticas negativas hay que autoflajelarse. Porque a lo mejor esa misma persona lee otro de tus libros, y se enamora de tí para siempre. Así que, a seguir trabajando y creando, y a mejorar en todo lo que se pueda. Y las críticas u opiniones ahí están, forman parte de nuestro proceso como escritores, así que las leemos, las asumimos, y a otra cosa.

Gracias por leer.

 

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Mi biblioteca: El pasado siempre vuelve de Sabina Rogado

¡Hola a todos!

Hoy en la sección Mi Biblioteca, quiero compartir con vosotros una novela que he leído recientemente y que me ha dejado con muy buen sabor de boca. Se trata de una de las novelas de la escritora Sabina Rogado, curtida en esto del romance, titulada, El pasado siempre vuelve. Y vaya si lo hace. Tenemos pasión, romance, enredo e intriga a partes iguales. ¡Vamos a descubrirlo!

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Vida de escritor: Promoción (críticas, reseñas, entrevistas)

¡Hola a todos!

En esta nueva entrega de la sección Vida de escritor, quisiera hablaros de una de las fases más importantes del proceso, es decir, el paso de dar a conocer tu obra y promocionarla. Digo que esta fase es de las más importantes, incluso diría que esencial, porque es lo que hará que tu libro se mueva y anime a futuros lectores a comprar tu novela y leerla. En este mundo de la literatura, al igual que en el cine y otros ámbitos artísticos, hay mucha gente que suele tener en cuenta las opiniones o reseñas a la hora de escoger un producto. Por eso, es importante que la gente hable de tu libro, y cuantos más mejor. ¡Vamos a ello!

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Nos enamoramos

Birmingham, septiembre de 2012.

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Después de pasar un tiempo con mi familia en España, y aprovechar las vacaciones que me quedaban para visitar otras ciudades de Inglaterra como Londres y Devon, regresé a la rutina. Volví al trabajo, donde cada día era una nueva aventura. Trabajo como asistente de profesorado en un escuela que está cerca de mi vecindario, en el barrio de Edgbaston. Aunque había disfrutado de mis vacaciones, tenía ganas de volver a oír las voces de los niños, y empezar a trabajar a tope. Además, estaba harta de darle vueltas al mismo tema una y otra vez.

Desde que había cruzado mi mirada con él en Crewe, no había podido borrar sus bonitos ojos azules ni su sonrisa de mi cabeza. Esto me producía una enorme tristeza y frustración, porque sabía perfectamente que no volvería a verlo.  Encima, no dejaba de repetirme que era una tontería enamorarse de alguien con quien nunca había hablado. A pesar de todo, ni mi cerebro ni mi corazón me hacían el menor caso.

Tras una ajetreada semana en la que todos estábamos adaptándonos al inicio de curso, pude descansar el fin de semana y decidí reencontrarme con mis amigos, que andaban algo desperdigados, al igual que yo, de vuelta a nuestra vida diaria después de las vacaciones. Aprovechando que mis amigos Harry y John se habían mudado a un nuevo piso en Harborne, decidí comprar una botella de vino y acudir a la inauguración de su nuevo hogar.

Conocí a Harry hace cuatro años, cuando llegué a Birmingham. Él fue mi primer compañero de piso. Compartimos casa en la zona de Selly Oak, un barrio estudiantil donde viven casi todos los alumnos de la Universidad de Birmingham. Allí compartimos piso con otra estudiante, Laura, que se acabó mudando a Londres cuando terminó los estudios. Harry fue de gran ayuda en aquella época, cuando todavía no me manejaba con soltura y no conocía a nadie.

Después de dos años juntos, Harry y su pareja, John, habían decidido dar el gran paso y compartir apartamento. Yo, como amiga suya, no podía faltar en este momento tan especial. Me arreglé, me puse un pantalón de pana oscuro, un jersey blanco, y una chaqueta negra. Alrededor de las cinco ya estaba yo en la puerta de la bonita casa de dos plantas con desván. Era una preciosa casa estilo Tudor, con una amplia entrada ajardinada. John me abrió la puerta entusiasmado, y me presentó a los pocos invitados que ya habían llegado. Vi a algún conocido, como Melanie, que era amiga común nuestra o Paula, otra española como yo, que también era parte de nuestro grupo.

Allí charlando con la gente, se me pasó el tiempo volando, y no me dí cuenta de que había pasado una hora desde que había llegado allí. Tan metida estaba en una de las conversaciones, que no me di cuenta de que habían llamado el timbre, y había llegado un nuevo invitado. Harry empezó a hacer las presentaciones, y entonces, al girarme para saludarlo, me quedé perpleja. No pude articular palabra de la impresión. En un momento dado, dudé, pensando que mi cerebro me estaba jugando una mala pasada. Pero entonces él me sonrió y me estrechó la mano.

-Encantado, soy Mark. -dijo él.

Yo sacudí la cabeza y contesté con una sonrisa:

-Soy Ana, encantada.

Os diré que, a partir de ese instante, el mundo desapareció a nuestro alrededor, y que ya no nos separamos en toda la velada. Me explicó que él también llevaba todo el verano pensando en mí, y resulta que mi cara le resultaba familiar. Vio mi foto hace tiempo en el Facebook de Harry. Eran compañeros de trabajo y buenos amigos. A él le había llamado la atención mi sonrisa en aquellas fotos, pero no se atrevió a comentárselo a Harry, quitándole importancia. Fue en Crewe cuando le ocurrió lo mismo que a mí.

-Tuve un flechazo, y ya no pude olvidarte.-afirmó.

No necesitábamos saber más. Esa misma noche, después de contarnos nuestra vida entera, acabamos despidiéndonos con un beso a las puertas de mi casa. A partir de ese día, ya no nos volvimos a separar. Hace ya cinco años de aquello, y seguimos juntos y felices. Gracias a eso, aprendí que el amor está en cualquier parte y puede surgir en cualquier momento. Lo nuestro surgió de repente, sin quererlo y…

…con una sola mirada, nos enamoramos.

 

Elizabeth Gaskell: Sofisticada e inquieta

¡Hola a todos!

Hoy en la sección personajes, vengo a hablaros sobre una de las escritoras que más me gustan. Autora de obras bien conocidas como Norte y Sur, Esposas e hijas o Cranford,  novelista consagrada a hablar de los temas sociales de la época victoriana, y la mejor amiga de Charlotte Brontë. De hecho, a ella le debemos la primera biografía de la autora inglesa (aunque algo retocada). Estoy hablando de Elizabeth Gaskell. ¡Vamos a conocerla un poco más!

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Con solo una mirada

CREWE-STATION

Junio de 2012.

Ese día me esperaba un viaje ajetreado, tedioso y largo. A pesar de ser junio, el verano en Inglaterra era como una especie de primavera tardía. No hacía apenas calor, de hecho, siempre tenía que llevarme una chaqueta e incluso un paraguas. Un amigo inglés me explicó que en Inglaterra podías levantarte con un cielo despejado y un sol espléndido, y de repente, sin venir a cuento, el cielo se llenaba de negras nubes, y caía un contundente aguacero. Por eso, era mejor prevenir.

Acababa de llegar a la estación de Crewe, a medio camino entre Birmingham, la ciudad donde vivía en aquella época, y Manchester, la ciudad de destino. El motivo de mi viaje era que regresaba a Madrid para ver a mi familia durante un par de semanas. Como no había vuelos directos desde Birmingham, tenía que ir hasta Manchester, y desde allí coger un avión que me llevaría a reunirme con los míos. Esto hacía que, debido a la romería, llegara a Madrid casi sin fuerzas. Pero lo peor no era eso. Es que no podía ir directa a Manchester, y tenía que cambiar de tren en Crewe. Así que estaba a mitad de camino.

La estación de Crewe conservaba parte de su esencia original, como casi todas las estaciones de tren en Reino Unido. Era del siglo XIX, y en su estructura predominaba el hierro y el ladrillo. Sus andenes eran anchos y estaban parcialmente cubiertos con un tejado de metal para proteger a los viajeros del mal tiempo. Al estar solo en parte cubiertos, esto permite que el aire corra, evitando así asfixiarte con los motores diesel de los trenes ingleses, que solían llegar puntualmente a sus andenes correspondientes. La estación tenía cafetería, lavabos y su punto de venta de billetes. Ese día había más viajeros que de costumbre, porque muchos empezaban sus vacaciones, y se dirigían a los principales aeropuertos del país, que les llevarían a las costas del sur de Europa, lejos de la fría y gris Inglaterra, que a mí tanto me gustaba. Ellos huían hacia el sur buscando el sol y el calor, y yo prefería quedarme en el norte, con el frío y los cielos cubiertos de nubes. Pero en esta ocasión, haciendo una excepción, regresaba al sur cual ave migratoria, para volver al nido y ver a mi familia.

Acababa de salir de la cafetería, después de comprar un café bien cargado, que me diera energía suficiente para continuar mi viaje. Tenía tiempo suficiente para despejarme un poco, después de una hora y media dentro de un tren lleno de gente. Me senté en uno de los bancos del andén al cual llegaría mi tren en media hora. Una suave y fría brisa acarició mi pelo y mi rostro, y cerré los ojos, disfrutando de esos pocos minutos de silencio, que se habían abierto paso después del jaleo que habían generado los pasajeros que acababan de subirse a un tren con destino a Londres.

Respiré profundamente, vaciando mi mente. Entonces volví a abrir los ojos. Algo sucedió en ese momento. Justo en el andén de enfrente había un chico. Debía rondar mi edad. Alto, rubio, atractivo. Estaba mirando su teléfono. Estaba solo en el andén, o eso me pareció a mí. Llevaba puestos unos grandes cascos y parecía estar escuchando música. Me dio la impresión de que estaba más cerca, a pesar de la distancia, porque podía distinguir los rasgos de su bonito rostro a la perfección. Llevaba unos vaqueros azules claro, una camiseta de color negro de Star Wars y una chaqueta de lana de color gris. En los pies, unas Scooters de color verde. Me fije en su rostro de nuevo, y vi que tenía las mejillas sonrosadas por el aire frío que nos acompañaba esa mañana. Típico de los ingleses. El contraste con su piel blanca producía ese efecto cuando se enfrentaban al frío.

Yo me seguía deleitando en su figura, porque parecía no estar percatándose de nada. De repente, alzó la vista y nuestras miradas se encontraron. Pude ver claramente una mirada azul preciosa. Me quedé hipnotizada. Noté como unas mariposas volaban en mi estómago, y calor en mis mejillas. Seguramente estaba haciendo el ridículo, así que aparté mi mirada con vergüenza. Pero él no lo hizo. Siguió mirándome. Así que volví a mirarle yo a él. Y fue en ese momento cuando casi me derrito. Me sonrió. ¡Y qué sonrisa más bonita! Me miró intensamente, sonriente y creí ver que movía sus labios. Algo me estaba diciendo. Tal vez un “Hi!” o un “I like you too”. No lo sé. Mi imaginación volaba en ese momento. Sonreí inocentemente. Estaba contenta, feliz. Podían en ese momento, darme la peor noticia del mundo, que me daba lo mismo. No me importaba. El mundo a mi alrededor había desaparecido. Solo estábamos él y yo. ¡Que bonito e intenso momento! <<Ojalá durara para siempre>> pensé.

Pero entonces, todo se acabó. Su tren llegó justo en ese momento. La magia se disipó. Ya no volvería a verle. A pesar de mi tristeza, le seguí con la mirada, esperando que me hiciera alguna indicación. Se sentó al lado de una de las ventanillas del tren. Él también parecía triste, pero me sonrió a pesar de todo, y me dijo adiós con la mano. Algo volvió a decir con sus labios. Quizás un “No estés triste” o “Nos volveremos a ver algún día”. <<Ojalá.>> pensé yo acompañada de mi tristeza y mi frustración. Me hubiera gustado rebobinar y cruzar al otro lado. Me hubiera olvidado del viaje a Madrid, y me le hubiera llevado a cualquier otra parte.

Llegó mi tren, y ya no pude quitarme a ese chico de la cabeza. De vez en cuando, mi cerebro me regañaba por enamorarme de alguien a quien no conozco, con solo una mirada. Tonta de mí. Seguro que tiene una novia de escándalo, y yo sufriendo por tonterías, por alguien con quien nunca he hablado. Pero así son los flechazos. Mejor intentar olvidar esos diez minutos que no son nada en una vida. Pero mi corazón no dejaba de insistir. ¿Volveremos a vernos alguna vez?

CONTINUARÁ….

Mi biblioteca: Recuerdos olvidados de Mar P. Zabala

¡Hola a tod@s!

Hoy os traigo una nueva incorporación a Mi Biblioteca. La novela, titulada Recuerdos olvidados, de la escritora Mar P. Zabala, acaba de salir a la venta esta mismo mes de febrero. Me la compré en pre-venta, y acabé de leerla en una sola tarde, debido a la intriga que me produjo desde la primera página. ¿Queréis saber por qué?

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