Conociendo lugares: Gdansk, Sopot, Malbork, Malmö y Copenhague (Parte 1)

Hace ya siete años, cuando era una estudiante Erasmus que llevaba viviendo casi un año en Varsovia, Polonia, decidí junto a una compañera, realizar un viaje que resultó ser una aventura inolvidable más, que ya forma parte de mis recuerdos viajeros. En aquel año, gracias a una localización privilegiada, pude recorrer casi media Europa. Como ya he dicho, mi compañera y yo decidimos hacer un viaje largo y provechoso. En vez de elegir sólo un destino y llegar hasta él en una ruta convencional, decidimos cambiar un poco el itinerario.

Nuestra idea era viajar hasta Copenhague, la capital de Dinamarca, pero por el camino queríamos conocer más sitios. Buscamos información y finalmente encontramos una ruta interesante. Primero, iríamos en tren de Varsovia hasta Gdansk, una ciudad polaca situada en el norte del país junto al mar Báltico. Después, cogeríamos un avión que nos llevaría hasta la ciudad sueca de Malmö, al sur del país, y desde allí, tomaríamos un tren que nos llevaría hasta Copenhague, nuestro destino final. A la vuelta de Copenhague, volveríamos a hacer la misma ruta, sólo que dormiríamos en Gdansk y de paso conoceríamos la ciudad de Sopot, uno de los destinos turísticos marítimos más importantes de Polonia, y Malbork, donde está uno de los castillos más célebres del centro de Europa. El viaje duraría casi una semana.

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Gdansk, Polonia

Y llegó el momento de emprender el viaje. Debido a que Gdansk estaba a unos 8 horas de Varsovia, decidimos que lo mejor era hacer el viaje durante la noche, para así poder dormir y llegar descansadas a Gdansk, donde sólo pasaríamos unas horas. En un principio esto parecía una idea estupenda, pero no contamos con un pequeño detalle. Era jueves por la noche, los billetes que habíamos comprado no tenían asientos reservados, y por lo tanto, tendríamos que entrar corriendo al tren, y sentarnos donde hubiera sitio. Aquella noche el andén en la estación Central de Varsovia estaba abarrotado. Así que cuando entramos fue imposible conseguir asiento, y tuvimos que quedarnos en el pasillo. Inocentes pensamos que habría más paradas, y que se bajarían más pasajeros, pero sólo hubo una, se bajó un único viajero, y subieron veinte más.

Básicamente, nos pasamos la noche, sentadas, a veces tumbadas, en un estrecho pasillo, aguantando a unos pasajeros con ganas de juerga que bebían, y ponían música a todo volumen con el móvil, haciéndonos partícipes de su fiesta. No dormimos aquella noche, usando nuestras maletas como asientos. Incluso hubo un momento en el que me apoyé en el cristal de la ventanilla para poder echar una cabezadita, pero fue imposible por que cada dos por tres, alguien tenía ganas de ir al baño, y teníamos que estar levantándonos. A eso de las 6 de la mañana, cuando sólo quedaba una hora para llegar, una señora se apiadó de mí, y me cedió su asiento para que descansara media hora. Mi compañera no tuvo esa suerte. Finalmente, cuando llegamos a Gdansk, y mientras me quedaba dormida de pie, y me despertaba por que mi frente se golpeaba contra el frío cristal de la ventanilla, nos fuimos directas a una cafetería a tomarnos una buena taza de café.

 

Gdansk

No sé que tendría aquel café que nos funcionó bastante bien, y el resto de las horas que nos quedaban para embarcar en el avión que nos llevaría a Malmo, fuimos capaces de pasear por Gdansk, hacer fotos, y disfrutar de la belleza de sus calles y monumentos. Debo decir que para mí, esta es una de las ciudades más bonitas de Polonia, y merece la pena hacer una visita. Durante un tiempo, Gdansk fue de dominio alemán, y por aquel entonces su nombre era Danzig (nombre que aún conserva en lengua germánica). Es el principal puerto de Polonia y la cuarta ciudad más grande del país. No os podéis perder la plaza del mercado y todo su centro histórico.

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Plaza del Mercado de Gdansk

Horas más tarde, ya estábamos en el aeropuerto, que debo decir que es bastante pequeño. Cogimos el avión que nos llevaba a Malmö. Tardamos en llegar menos de una hora, y no tuvimos mucho tiempo para ver la ciudad, porque enseguida nos subimos al tren que nos tenía que llevar rumbo a Copenhague.  El trayecto dura unos 15 minutos, y podéis ver el mar a través de las ventanillas del tren. También podéis hacer este viaje en autobus. El precio es de unos 15 euros por trayecto, aunque sé que existen descuentos para estudiantes. Podéis ver precios aquí.

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Vistas desde el tren Malmö-Copenhague

Y por fin llegamos a Copenhague. Eran ya casi las 5 de la tarde cuando empezamos a dar vueltas buscando el hostal donde nos íbamos a alojar. Debo decir que no es fácil encontrar un alojamiento asequible en la ciudad, puesto que todo es bastante caro, así que si decidís ir allí, debéis tener eso en cuenta. Escogimos un hostal cerca del centro, y que nos permitía no tener que estar cogiendo transporte. Si no recuerdo mal, nos costó 25 euros por noche, y pasamos dos noches allí. La verdad es que el personal del hostal era muy amable, y tenías un Seven Eleven cerca y supermercados para poder comprar comida. Lo malo es que tenías que compartir habitación con chicos y chicas, y que fácilmente podías juntarte con 15 personas en una única habitación.

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Centro de Copenhague

El resto del tiempo que estuvimos allí, recorrimos Copenhague andando, disfrutando de largos paseos por los canales. Primero todo el centro histórico, los palacios y finalmente el puerto. Allí nos fotografiamos con la célebre Sirenita, que sigue mirando al mar con cierta nostalgia. Pudimos también ver como la gente no suele respetar las advertencias de seguridad, y arriesgaban su pellejo para acercarse más a la Sirenita. La verdad es que la pobre me da pena por tener que aguantar a más de uno.

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Una de las cosas que me parecieron más curiosas de Copenhague fue la simpatía de la gente, que siempre estaba sonriente y parecían estar saludándote. No suele una esperarse esa calidez en el trato en un país donde la mayor parte del año hace frío y llueve.

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En el próximo post, continuaremos el viaje…

 

 

 

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