Conociendo lugares: Edimburgo

Hace unos años tuve la oportunidad de cumplir un sueño, visitar Edimburgo, capital de Escocia. Llevaba años queriendo visitar aquellas tierras rodeadas de montañas y algo de misticismo (sí, para mí Escocia sigue siendo un lugar especial y mágico, incluso después de haber estado allí). En este artículo os cuento mi visita a esta preciosa ciudad.

Por aquel entonces vivía en Inglaterra, y el contraste entre ambos lugares ya empezó a notarse al subir al tren que nos llevaba desde Birmingham hasta Edimburgo. Nada más llegar a tierras escocesas, lo que hasta entonces había sido un viaje en tren sin molestias ni baches, pues todo era plano, pasó a ser un viaje bastante movido, por que estábamos viajando entre montañas. A partir de ese momento, supe que estaba en Escocia.

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Llegamos a Edimburgo después de 4 horas de viaje, y nos encontramos con edificios altos de época medieval, callejones, y escaleras que nos llevaban a las alturas, pues la parte antigua de la ciudad esta construida sobre una colina. La disposición es de una ciudad medieval al uso, con una calle principal, la Royal Mile, y una red de calles a cada lado de la misma que van descendiendo. Si asciendes por Royal Mile, llegas hasta el castillo, situado en la parte más alta de la ciudad, y si desciendes, llegas hasta el Parlamente escocés. Edimburgo es una ciudad de grandes dimensiones, y en la que es imposible aburrirse, por que siempre hay cosas que hacer y ver.

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Royal Mile

Una vez nos instalamos en una Guest House, que estaba a escasa distancia del castillo, con desayuno incluído y personal muy agradable, cogimos el mapa, y nos

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Museo de Edimburgo

dispusimos a planear nuestra estancia. Una de las primeras atracciones que visitamos fue el Museo de Edimburgo, donde pudimos conocer toda la historia de la ciudad, sus orígenes, sus hechos históricos, y cuánto había cambiado a lo largo de los siglos. Esta es una visita obligada para conocer en profundidad la ciudad y su historia.

 

En Royal Mile también visitamos el Museo de la Infancia (Museum of Childhood). De entrada gratuita, en él encontramos juguetes de distintas épocas, desde muñecos del Antiguo Egipto hasta una gameboy, y otros muchos que te resultarán familiares. Bajando por la Royal Mile vimos el Parlamento Escocés, y el palacio Holyroodhouse que ocupa la reina Isabel II cada vez que visita la ciudad. También visitamos el Grassmarket, centro neurálgico de la ciudad durante siglos, pudimos ver desde fuera la Universidad de Edimburgo y la catedral de St. Giles, y recorrer calles tan enigmáticas como Victoria Street.

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Museo de la infancia
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St Giles
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Victoria Street
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Grassmarket

A lo largo del día fuimos recorriendo sus calles, como la ya mencionada Royal Mile, y sus enigmáticos close (callejones). Cuando vas a adentrarte en alguno de los close, parece que vas a entrar en alguna especie de lugar misterioso, una puerta de entrada a otro lugar y a otra época, pues en algunos de ellos apenas puedes ver lo que te encontrarás al otro lado desde la entrada del mismo. Incluso llegamos a pensar que nos encontraríamos la guarida de algún brujo, o que incluso apareceríamos en el mítico callejón Diagon que aparece en la saga de libros de Harry Potter. Cabe recordar que J.K. Rowling escribió Harry Potter cuando vivía en esta ciudad, y os aseguro que encontró suficiente inspiración.

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Por la tarde noche nos dirigimos a disfrutar de otra de las célebres atracciones de la ciudad, una visita guiada al Mary King´s Close. En este lugar recorrimos una serie de callejones que se sellaron, para permitir la construcción de nuevas áreas de la Casa Consistorial de la ciudad. Durante esta visita, cuya entrada tenéis que reservar con antelación, eligiendo una hora determinada para vuestra visita, pues no podéis adentraros solos, realizamos un viaje en el tiempo. Nuestro guía nos cuenta historias y anécdotas curiosas sobre la vida en los close, desde la época medieval hasta que el último habitante abandonó su casa en el siglo XIX, además de cómo se vivió la peste negra, la vida de las familias que vivían hacinadas en aquellas viviendas, sin apenas luz y en condiciones sanitarias bastante precarias, y muchas más curiosidades. Por ello, hablaré más en profundidad de Mary King´s Close en otro artículo.

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En la actualidad, la ciudad se encuentra dividida en tres zonas, el casco antiguo (The Old Town), el casco nuevo (The New Town),  y Leith, la zona costera. The New Town se desarrolló a partir del siglo XVIII, debido al considerable crecimiento de población en la Old Town, y por ello, se puso en marcha un plan para la ampliación de Edimburgo. Dejando de lado el diseño medieval y optando por una distribución de las calles en forma octogonal, siguiendo los principios de la era de la Ilustración, nació la New Town. Ambas partes de la ciudad quedan divididas por el antiguo Nor Loch, un lago donde iban a parar todos los deshechos de la ciudad, siendo un enorme foco de enfermedades, que fue vaciado y ahora es un bonito parque, el Princes Street Gardens. En esta zona también se puede ver el monumento al célebre escritor escocés Walter Scott.

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New Town
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Princes Street Gardens
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Monumento a Walter Scott

En la New Town, se pueden encontrar construcciones del siglo XVIII y XIX, y numerosos comercios, restaurantes y pubs. En uno de ellos tuvimos la oportunidad de degustar los famosos mejillones de la región, y otros platos típicos escoceses, disfrutando de buena comida y excelente servicio.

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En los días sucesivos visitamos el National Museum of Scotland donde podemos ver el esqueleto de un enorme T-Rex, o a la célebre oveja Dolly disecada, y el cementerio Greyfriards, donde está enterrado el famoso Bobby, un perro abandonado que se cree que guardaba la tumba de su amo, hecho que enterneció a los vecinos de la zona, y cuando el animal murió, entre todos se encargaron de que tuviera un agradable lugar de descanso.

Este cementerio tiene sus historias de misterio, como un fantasma con malas pulgas al que no le gustan las visitas, o algunas tumbas selladas con rejas. En el siglo XIX, la facultad de medicina de la universidad de Edimburgo necesitaba cadáveres para sus

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Tumba de Greyfriards

estudios, pues en aquella época era prácticamente imposible que alguien donara su cuerpo a la ciencia, y sólo contaban con los cadáveres de cuerpos sin reclamar o de reos ejecutados. Por ello, la universidad empezó a ofrecer dinero a todos aquellos que donaran cadáveres en buen estado para sus estudios de anatomía.  Debido a esto, muchos ladrones acudían al cementerio para robar cuerpos, especialmente de los que habían sido enterrados recientemente, incluso hubo unos célebres asesinos en serie, Burke y Hare, que se dedicaron a matar para proporcionar muchos cadáveres a la universidad y así conseguir más dinero. Por esta razón, muchas familias tomaron medidas al respecto, como comprar una reja que se colocaba encima de la tumba para evitar el robo, incluso muchos se quedaban haciendo guardia en el cementerio durante la primera semana.

También visitamos Leith, el puerto donde se encuentra el barco propiedad de la reina de Inglaterra, el célebre Britannia, que en la actualidad está atracado frente a un centro comercial.

Otro de los lugares que visitamos, aunque no tuvimos tiempo de entrar, es el castillo de la ciudad, que se encuentra en la parte más alta, al final de la Royal Mile, en lo que era un antiguo tapón volcánico conocido como Castle Rock. La entrada cuesta unas 12  libras, y nada más llegar la vista es imponente, desde allí se divisa toda la ciudad, y la explanada de entrada es lugar de celebraciones y desfiles.

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Vista del castillo desde Grassmarket
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Entrada del castillo

Ya alejándonos de la ciudad, pero aún dentro de sus límites, nos topamos con Holyrood Park, situado sobre una montaña llamada Arthur´s Seat, desde la cual tenemos una vista panorámica preciosa de Edimburgo, aunque os advierto que llevéis calzado adecuado para subirla.

Edimburgo es una ciudad que enamora, gracias a su historia y su belleza. Es cierto que puede ser agotador recorrer sus empinadas calles, pero la experiencia es tan bonita, que realmente te olvidas del cansancio. Historias de fantasmas, leyendas, guerreros míticos, literatura, gente agradable y sobre todo, mucha rebeldía y pasión, eso es Edimburgo.

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Beannachd leat!

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